Zona del silencio

Contraté al flautista de Hamelín para llevarse los silencios de este mundo, pero no pudo dejarlos en algún planeta, el Principito se lo impidió; regresó y los dejó en la Zona del Silencio, lo demás es historia.

Volví a escuchar el silencio ante no saber qué hacer en una decisión; no volví a escuchar la voz de mi mamá, que por cierto, está muerta. Pregunté otra vez “¡¿Por qué a mí?!” Y el silencio volvió.

Entonces, compré un largísimo telescopio, un microscopio rústico, y lupas de oferta. Por fin aparecieron todas las respuestas, pero el silencio permaneció ahí. No me importa, ya no me afecta.