Yo, la botarga

—Después de los estudios hechos a su hijo, Los médicos hemos llegado a la conclusión de que su hijo sufre del Síndrome de Anti Carisma,  es muy raro, se da uno por cada millón de personas; siento decirle que al niño  nadie lo va a querer, no va a tener amigos, ni novia, ni se va a casar y si adopta, sus hijos no lo van a querer. Lo siento mucho.

—Oiga doctor,  —le contesta la mamá rascándose la cabeza — ¿hay algún lugar donde podamos ir a dejarlo como un leprosorio o algo así.

—No señora, lo que pasa es que nadie quiere hacerse cargo de ellos por el síndrome que tienen.

—De seguro lo sacó de tu familia —contestó el papá del chico viendo fijamente a la señora.

—Cómo crees, —responde la mamá del niño casi gritando —  en mi familia podrá haber asesinos, drogadictos, borrachos, estafadores,  pero a ellos sí los quieren. No recuerdo que haya alguno con esta enfermedad tan fea. De seguro lo heredo de parte de tu familia. ¿Por qué no se lo llevamos a tu tía Juanita? Ya ves que ella recoge de todo en la calle, perros, gatos, latas, botellas; a lo mejor ella…

—No seas tonta mujer, no ves que ya dijo el doctor que nadie lo va a querer, o qué,  ¿tú sabes más que él?

—Pues no, pero mi comadre me dijo, (baja la voz)  que el niño no tiene ninguna enfermedad.   —Este diálogo es interrumpido por una pequeña voz que dice tímidamente.

—¿Existe alguna cura? —Solo lo voltean a ver sus papás y se cruzan las miradas con el doctor, que con un gesto de “ya dije” los despide. Al poco rato, las tres figuras humanas salen del consultorio, dos alzaban la voz y la más pequeña con ojos  llorosos solo se tapaba los oídos para no escuchar.

—Niño bodoque, para qué hablas, no te dije que por ningún motivo te quitaras la bolsa de papel de la cabeza, no vez que por tu culpa nos corrió el doctor y nos cobró de más.  —Mientras ocurría este trágico episodio los ojos claros del pequeño niño se fijaron en una graciosa figura que en el parque, le llamaba la atención a la gente que  estaba a su alrededor, todos se veían muy contentos, felices,  se querían sacar fotos con él y bailaban al ritmo de la música pegajosa que la acompañaba. “¿Así se sentirá ser amado?, quisiera sentir un beso de buenas noches, o la sensación de un abrazo, aunque fuera para el día de mi cumpleaños, pero ni tengo  compañeros porque no voy a la escuela.”  Ya en casa, el pequeño niño  con su peculiar bolsa de papel cubriendo su hermosa cara buscaba con mucho afán una solución en la red para su problema.

—Mamá, mamá, por qué cada vez que quiero ver el internet la computadora se apaga.

—Quítate de ahí, no vez que ni la tecnología te quiere.

—Entonces, te voy a ayudar, me voy a poner a barrer.

— ¡Noooo! Me vas a romper otra escoba, a ti ni te quiere la escoba, ni el recogedor, tampoco la araña, ni el viejo veliz, ¡¿Qué, no aprendiste nada de Cri Cri?!

Así transcurría su vida hasta que se acordó del suceso tan increíble que había visto en el parque.  Se le ocurrió la idea más brillante que había tenido hasta entonces,   “esto sí debe de funcionar” se dijo, y corrió hasta llegar a aquel parque que tanto repasaba en su mente. Justo en ese lugar estaba una especie de tienda y al mirar la mercancía yacía aquella figura graciosa arrumbada,  maltratada y al verla lo único que pudo decir fue “la compro”

—Mira niño,  la botarga de cara chistosa vale 300 pesos, pero por ser para ti te la dejo en 600, mira dónde la encuentras más barata —contestó  molesto el dependiente.

El niño que venía cargando su alcancía de cochinito, la rompió con todas sus fuerzas, le saco el efectivo y compró una aguja, hilo y la dichosa botarga. Se la llevó arrastrando a una tienda de tatuajes y le dijo al que estaba ahí.

—Cuánto me cobra por coserme la botarga a mi piel.

—Nada, nosotros no cosemos botargas a las pieles, ¡Qué no leíste el letrero que dice se hacen tatuajes y perforaciones! Deja de quitarme el tiempo.

—Le doy todo lo que he ahorrado en mi vida y me la cose.

—Bueno, cuánto traes, cuánto es toda tu vida, unos 11 años, con eso y para todo tu cuerpo  no te va a alcanzar ni para  la anestesia más barata.

—No importa, sin anestesia.

—Pero te va a doler chavo, te va a pesar,  además no te la vas a poder quitar, solo podrías comer por el espacio de la boca de la botarga, y te dejaría un orificio para que fueras al baño.

—No importa, es más doloroso que no te quieran.   —Así traspasando un poco  de sangre por la botarga, y con un dolor inimaginable el niño sale con  ella pegada a su piel, cuando llega a su casa a todos le cae en gracia esa figura, hasta parece que el dolor se le aminora cuando sus papás se sacan fotos con él, la abrazan, y hasta su hermana mayor le da un beso al cachete de la botarga, le pone música y lo filma bailando, para subirlo al you tube,  después se van todos a dormir. Al otro día, y al otro, y al otro, el niño sale a la calle todas las mañanas y sucede lo mismo con toda la gente. “Nunca me he sentido tan amado, tan feliz, esto es increíble. Pero por qué huelo tan feo, creo que se me está infectando la piel, ay, me duele, ¿Qué voy a hacer?  No sé. Tampoco quiero morir. Ya no aguanto, voy a mi casa, les mostraré que soy yo, a ver que hace mi mamá por mí” —Regresa, ya desfalleciendo, ardiendo en fiebre, y se tira en el centro de la sala.

—Mira mamá está la botarga en el suelo, se ve re chistosa, voy a sacarle una foto así, para subirla a mi face,  el video de la botarga bailando que subí al you tube, ya tiene más de diez millones de visitas.  —Al oír esto, el niño se alegra y dice “¡Diez millones de visitas; soy lo máximo, no lo puedo creer!”   Se levanta con dificultad, se alegra tanto que le indica a su hermana que le ayude a abrir la parte de la boca para que se vea que es él, cuando la hermana ve que es su hermano, llama asustada a su mamá

—Ven rápido mamá, mira quién es la botarga.

—No puedo ir, estoy muy ocupada, tengo muchos mensajes que contestar.

—Es, es, el niño que vive con nosotros, el que dicen que es mi hermano.

—Por qué no tengo nombre —Llega la mamá cuándo oye esa voz, sin dejar de contestar mensajes en su tableta.

—Porque ni en el Registro Civil te quisieron registrar, yo creo que ni tú mismo te quieres, bueno, no es tu culpa, es por ese tal Síndrome de Anti Carisma que tienes, ahora déjame terminar este mensaje.  Qué haces ahí, no ves que ensucias la sala, quítate.  — El niño se deja caer y se le ve agonizando, se le oye un respirar con dificultad y se le ve agua que corre por lo poco que se deja ver de su cara.

—Mamá qué vamos hacer; huele horrible.

—Mira, tápale la cara, o ese agujero que hiciste, para que no se vea que es un niño, en cuanto muera, le dices a los de la basura que vengan a recogerlo y les das este dinero para que se lo lleven, luego pones aromatizante de coco a la casa para que cuando venga tu papá no huela feo. Yo voy a salir, regreso en un rato.

—¡Pero mamá! Ni a mí, ni a mi papá nos gusta ese aromatizante, mejor le pongo de cereza. —cuando llega la basura, la niña hace lo que la mamá dijo, pero el niño aún no moría, al estar entre tanta basura ve que se acerca uno de los que recogen la basura, se sube al carro, le descubre la cara y le dice a su compañero

—Oye, la botarga que trajiste es un niño y está vivo, vamos a llevarlo al hospital, mira la tiene cosida y él está todavía respirando.

—No ves que me dieron buen dinero por tirarlo, mira aquí esta, te doy la mitad y no nos metamos en problemas, no es nuestro problema, en poco tiempo va a morir. Vámonos.

—No mano, no hay derecho, yo sé que se siente que nadie te quiera, —se dirige al niño— oye chavito, a mí nadie me ha dado un abrazo o un beso, ¿me lo quieres dar tú, yo te ayudo?  —El niño abre los ojos lentamente, y muestra una mueca de sonrisa, el señor acerca su mejilla a la boca del niño, este le da un beso, luego le toma los brazos y le da un fuerte abrazo, y siente como deja de respirar, pero en su semblante lleno de lágrimas hay una sonrisa que lo dice todo.  Se baja del camión, toma el volante y lo arranca.

fin