Vientos del mal (Final)

Hammes

Duplessy se propuso hablar con representantes gubernamentales de Estados Unidos y advertirles de la amenaza al tiempo que buscaba una cura para Carolina.

Ya de vuelta en territorio americano Jacques no encontró eco a sus alegatos, ni la Casa Blanca ni la Cámara ni la Secretaría de Salud lo tomaban en serio. Incluso buscó hablar con los directivos de la Asociación Nacional de Tenis pero el resultado fue infructuoso. Desesperado buscó contactar con la prensa casi con el mismo resultado hasta que un pequeño periódico, en un poblado perdido de Virginia, el Atlantic Sun le concedió una cita.

El Sun era un pequeño desplegado de circulación semanal, bajo tiraje y escasa distribución. Su propietario, editor y reportero se llamaba Joseph Foley y era un afable e inteligente joven egresado de Duke, miembro activo de Greenpeace, preocupado por los temas ambientales y que a través de su trabajo buscaba crear conciencia en su sociedad.

Estaba al tanto de la incidencia de gripa y también veía con temor la creciente ola de huracanes en esa parte del país. Aunque casi no cubría deportes también sentía una curiosidad científica por el pasto azul de Ocean Magic y tenía ciertas dudas sobre los efectos benéficos a largo plazo de los enormes aerogeneradores.

Duplessy sintió que Foley era la rencarnación de sus ideales de justicia y entablaron una amistosa relación de inmediato. Intercambiaron preocupaciones y experiencias, le mostró los resultados de los análisis de Rennes y Foley le propuso hacer un reconocimiento de la zona.

En los últimos meses había crecido exponencialmente una cadena de escuelas de tenis, a lo largo de la costa este, financiadas por Magicum y todas tenían instalado el famoso pasto azul.

Mediante un amigo de Foley, que cuidaba el césped de una de estas escuelas, pudieron introducirse nocturnamente y recolectar muestras de varias canchas. De regreso en las instalaciones del semanario plantaron el pasto obtenido dentro de una pecera, colocaron un pequeño ventilador en un extremo y papel negro en la cara opuesta y lo cubrieron. Lo que encontraron a la mañana siguiente los dejó boquiabiertos. La cara interior del papel presentaba un tono blanquecino ocasionado por la gran cantidad de esporas adheridas.

Un presentimiento aterrador le vino a la mente a Duplessy. Sobre un mapa le pidió a Foley le mostrara las ubicaciones de canchas y corredores eólicos. Tan solo en una zona específica pudieron observar una gran cantidad y Jacques observó que los generadores tenían una formación en V y trazando una línea imaginaria conectaban con las canchas y con otras instalaciones energéticas.

Le propuso a Foley hacer un reconocimiento aéreo. Recorrieron en un santiamén la corta distancia que había hacia un pequeño aeropuerto local y convencieron al piloto de una avioneta fumigadora los llevara. Ya que emprendieron el vuelo Duplessy solicitó al operador de la nave que bordeara la costa.

Lo que vio confirmó su temor.

Los generadores eólicos estaban dispuestos en una interminable fila; sus aspas, de dimensiones colosales y de una estructura peculiar, no solo generaban más energía eléctrica que otros que conociera, sino que producían un fuerte flujo de aire frío. Distribuidos entre los grupos de generadores estaba otra serie de construcciones que tenían como fin dirigir y magnificar la corriente aérea. El piloto les comentó que al acercarse a estos corredores todas las aeronaves tenían que elevar altitud a fin de no chocar con bolsas de aire que pudieran hacerlos caer.

De regreso al Sun, ambos buscaron en la computadora, mediante el navegador, en la imagen de mapa ahora de toda la costa este, los emplazamientos de todos los complejos de Al-Masri. Los interconectó y vió que desde Canadá formaban una especie de túnel de aire que iba a desembocar al Golfo.

Duplessy pudo entonces entender la gran cantidad de huracanes formados y su terrible potencia, debido a todo ese torrente de aire frío que chocaba a gran escala con los vientos cálidos. También pudo ver el colosal efecto que estaba provocando: el enfriamiento de la Corriente del Golfo y se imaginaba el apocalíptico efecto que podría tener en el hemisferio norte, conduciendo a una nueva glaciación. Y por si no fuera suficiente, las corrientes de aire resultantes llevaban millones de esporas de una nueva cepa de ántrax a toda esta región. Una gran parte de la humanidad podría desaparecer de la faz de la Tierra.

Foley recordó entonces que guardaba en su archivo una cantidad de recortes sobre Al- Masry. Buscó algo que consideraba importante. Un reportaje donde se manifestaba que en su juventud, el jeque perdió a sus padres en un fuego amigo cerca de una base militar en Arabia Saudita, durante la Guerra del Golfo. Cómo una parte de su familia le ayudó a amasar su cuantiosa fortuna, que procedía tanto de inversiones como la construcción y, se rumoraba, de la investigación en armas biológicas. En otro recorte aparecía el nombre completo del jeque: Abdul Emir Hamdam Al-Masri Bin Laden.

Duplessy se quedó helado, al fin pudo comprenderlo todo. Una terrible venganza que arrastraría a la mitad de la raza humana estaba en una inexorable marcha. De repente Jacques se cimbró con un fuerte ataque de tos al tiempo que se le presentaba una intensa hemorragia conjuntiva…