Tuya

Soy tuya, sí, tuya

como una isla habitada por voces y murmullos de palmeras

y mensajes de agua en cocos abiertos.

Tuya, sí, muy tuya

como un parque desolado

que ha escogido la noche para deshacerse de su piel de hojas secas

y reflejarse en el cielo cual blanca virgen.

Como una zona  baldía que  los insectos han tomado en silencio,

como un patio que le ha brindado asilo al cansado cantar del grillo

y en sus coladeras profundas guarda los gritos de la ciudad,

como un mausoleo de sombras que esconden su idilio en el moho de                                                                                                                         las paredes.

Completamente tuya, sí, de nadie más

cómo si alguien más pudiera tomarme con mi nido de ecos,

tuya como una habitación escondida al fondo de tu casa

con un reloj estático y libros que ocultan sus corazones en espera,

como el ático atiborrado de cabezas, brazos y piernas de objetos

que entre el polvo buscan su alma.

Deliberadamente tuya como un ser olvidado que de pronto se                                                                                                                                   encuentra,

como un lugar sin nombre que permanece en tus memorias,

ora como una gota que resume todo el canto del agua,

ora como el agua que imprime todo su rostro en una gota,

como una casa acogedora, un templo quizá,

algún patio de recreo o una escuela,

escenarios vacíos ya  entre los dientes del tiempo.

Irremediablemente tuya, tan tuya, más que mía, si es que lo fui,

tuya como un balcón frente al mar que el horizonte intenta percibir,

como un faro poblado de aves lejanas y sus mensajes de luz,

como la terraza donde la lluvia observa

a la ciudad perderse entre sus ojos de calles angostas,

tan tuya como ningún lugar,

como el precipicio que abre sus manos

y nos toma cual pluma,

cual memoria de un ave.

Tuya, con firmeza, sin miedos, sin mentiras,

como una terraza desnuda bajo el inmenso cuerpo del cielo,

como un rincón del espejo  que emigra por el telescopio al universo.

Soy tuya porque has  hallado una forma de nombrarme, de verme,

de sentirme que es sólo ingenio tuyo.

Tuya como un lugar que se descubre, lejano y solitario,

que poco a poco se puebla de luces, ruidos, sueños y horas tuyas.

Creada soy a tu imagen y semejanza en el espejo del mar,

como un espacio para ti en la faz del horizonte, 

en el fin del mundo .

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