Simulacro infinito para ser

 

El callar alarmas con manos entumecidas

se asemeja al construir un modelo de lodo

que es aplazado para un momento adecuado,

postergación que nunca acabará.

 

Desde primera hora empieza la guerra fingida,

preparación para cuando se pueda vivir,

estar listo para desempolvar goces fantásticos,

ya no desaprovechar ni un instante.

 

En el planeo habitual de los pasos

se  ignora la profundidad de las veredas,

es un ejercicio de esquivar piedras que no cesará

mientras se pasa de largo la existencia.

 

Las aspiraciones del propio legado

se ven relegadas a copias poco detalladas

como pintadas a memoria arenosa

y con retrasadas fechas finales.

 

Ante el extinción de lo nunca hecho,

con los mañanas estancados en ideas habituales,

el final del ensayo ya es solo un añoro,

y las alarmas se callan en tierra.