PEQUEÑA, HISTORIA

Ese día podría parecer un cotidiano, tranquilo, demasiado común pero al llegar del trabajo, al abrir la puerta de pequeño hogar, se asomaron sus grandes ojos coquetos, su larga sonrisa, su cabellera negra que aun no entiendo bien de quien la heredó. La salude con un seco; “Hola pequeña ¿Cómo estás?”, ella pudo responder con un simple “bien” y seguir con su asunto, que para mi sorpresa sería algo genialmente sencillo, pero con una voz mucho más dulce que le conocía me dijo; “Bien papi y ¿a tú?”, antes de que le pudiera responder me conto muchas cosas que hizo ese día, al levantarse, al desayunar, al arreglar su cama, lo extraño era que me lo contó como nunca lo había hecho con una detalle tan vivido, que ahora que lo pienso ya no sé si ella o yo tendió la cama.

Lo que más recuerdo fue lo que me empezó a contar de lo que había hecho después de las labores matutinas, me dijo que subió a un columpio, cosa no muy sorprendente puesto que lo hace en cada oportunidad ya que queda de camino a casa, lo diferente es que los niños se espantaron porque como me decía ella ese mediodía llego más alto que jamás en su vida, yo le dije en lo que llevas de tu corta vida, ella se sonrojo un poco más. Me conto que la vecina le invito a comer un sándwich cosa que ella casi nunca hace al menos que tenga mermelada de fresa y con la obviedad que su blusa blanca traía las evidencias que mostraban lo verídico de su historia, y su gran logro y asusto de la vecina es que se comió tres un gran record para ella, porque como dirían en la familia ella como los pajaritos come bien poquito.

También me conto que tomó el té con unos amigos extrañísimos, por lo menos así me pareció al instante que ella lo contaba por mi memoria tan breve para algunas cosas, me empezó hablar del señor Bolo, de las princesas que no decidían con que vestirse, y uno que otro oso (que si me preguntan, creo que tienen más etiqueta para tomar el té que yo).

Más tarde me pidió ir a la tienda a comprar dulces y eso hicimos, dulces a granel huevitos de chocolate, gusanos de gomitas y unas papas y claro un jugo de mango sonara un poco light pero le sugerí que no se los comería tan rápido si no, no le quedaría espacio para la cena. Los comió como si tuviera muchísimo tiempo que no lo hubiera hecho y eso que generalmente tiene provisiones para la semana. Después le pregunte que quería para cenar y como era jueves podríamos comprar algo, ella me miró fijamente y esta vez no contesto con un clásico; “Lo que tú quieras”, si no que me dijo claramente; “¡Quiero una hamburguesa!”, “entonces hamburguesa será”-conteste. Pero me pidió algo extraño me dijo que invito a algunos amigos a cenar solo que ellos no comerían hamburguesas, que solo trajera cuatro y lo demás no me preocupara.

En esta ocasión ella como ella misma me dijo: “por cuestiones de tiempo me traes una sin piña y sin chille, bueno un poquito y las demás con todo, porque yo iré por los invitados”. Me fui pensando quienes serían los invitados que no comerían, porque uno no cena con invitados sin que todos los invitados cenen o por lo menos eso pienso. Al regresar y echar el primer vistazo me encontré con una caja grande de esas que se guardan sin sacar por mucho tiempo, donde los pequeños juegan a que es un castillo, o un carro o tal vez lo ocupan para ir a la luna. Al llegar a la cocina vaya sorpresa me encontré un desfile de peluches, muñecas y muñecos que ella sacó de la caja y algunos de su habitación, estos eran los invitados que no cenarían aunque tenían platos y cubiertos de plástico que parecía cerámica. Empezamos a cenar entonces se me ocurrió preguntar- Me pediste 4 hamburguesas y solo somos tu y yo ¿Quién se comerá las otras dos? Ella me respondió-Pues yo me como una y lo que pueda de otra y tú te comes lo que quede. Sonreí puesto que esa táctica la conocía bien y la realidad es que si tenía hambre. Después de cenar me presento a los invitados algunos de ellos, según ella me contó, eran viejos conocidos e indudablemente recordaba como los conoció, y por medio de quien. Al momento de lavar los trastes empezó a hablar con ellos de sus sueños, unos muy folclóricos para mi gusto, lo bien que la había cuidado y miles de cosas mas. Pero era tarde y le recomendé guardarlos en su caja y colocarlos en su lugar y con un gesto de torcer la boca obedeció, un poco triste pero con más cara de sueño que otra cosa.

Había llegado la hora de dormir se puso su pijama muy mona y al acostarse y cobijarse me pidió un cuento, el del Principito para ser más exactos, pero me pido la parte donde está la ilustración del sombrero (y aunque le explicado muchas veces que no lo es no he logrado convencerla, pese a que lo hemos leído en varias ocasiones siempre dice que es un sombrero al ver la imagen), leímos un poco y al terminar le pregunte;

Mañana ¿trabajaras?

Ella contesto ya con su dulce voz normal- Si mañana debo madrugar pero fue una linda tarde hacía falta recordar cuando no me preocupaba lo de hoy quizás otro día vuelva a recordar.

Me miro a mis ojos me besó tiernamente y me deseo lindas noches y sueños bonitos.

Y yo le contesté- Hasta mañana mi linda Nayeli.

Me quede unos minutos reflexionando que a sus treinta y pocos años siga siendo la pequeña que crea historias, quizás un día de estos yo también recuerde como jugar a las canicas y usar una caja para viajar a otros universos…