Nunca

NUNCA

Por Jorge G. Zarza Spíritu

Su lema siempre fue, “ningún hombre o ninguna mujer vale más que un hijo”. Su actividad profesional era: Terapeuta familiar. Él la conoció en la universidad cuando estudiaron el posgrado. Sumamente atractiva, llamaba la atención de los estudiantes, para admirarla o para envidiarla. Su carácter alegre y sus formas sencillas y amistosas, destacaban por encima de su inteligencia y claridad de pensamiento. En clase, ella se sentaba en las bancas de adelante, él se sentaba atrás, de modo que podía apreciar su silueta, su talle, sus largos y rubios cabellos. No había ningún tipo de comunicación directa entre los dos ya que a ella le sobraban admiradores y a él: Amor propio y evitaba ser parte de ese grupo de interesados.

Casada ella y casado él, no había oportunidad de soñar o ilusionarse por nada. Nada había en el futuro para pensar en… pero la experiencia de él y la inteligencia de los dos, los hicieron destacar e incluso competir por las mejores calificaciones. Surgió la competencia y la mutua admiración, el respeto por las opiniones y comentarios en clase. Los dos son Alfa.

En una representación que el equipo de ella hizo sobre un tema, y tal vez para “ganar” la hegemonía en el grupo, ella le pidió a él que le apoyara interpretando a un personaje de características negativas. La sorpresa para todos fue que aquel, que siempre evitó destacar socialmente ante ella, que por su posición profesional y social, no se esperaba una “gran actuación”, le dio vida al personaje de tal forma que superó la expectativa ganándose la admiración de ella.

Luego vino la clase de estadísticas, lo que para unos es un martirio, para él era rutina, por lo que tuvo la oportunidad de darse el tiempo para terminar su ejercicio y ofrecerle a ella su asesoría en el tema, cosa que para ella fue su salvación y la oportunidad de mantener su promedio de calificación. A partir de ese momento surgió el amor, Al tiempo, cada uno se divorció de sus matrimonios, se unieron y durante 7 años vivieron con mucha armonía, inseparables, siempre enamorados y exquisitos amantes, tenían muchos planes de futuro. Un día, el hijo varón de ella, respondió mal a una intervención de él. Ella, angustiada platicó con el joven de 14 años para llegar a darse cuenta que su padre había descargado su frustración en el niño, asociando su desgracia al hombre por el que su mamá lo “traicionó y cambió”.

En ese momento, ella hizo maletas, tomó su auto y se los llevó a otra ciudad, en donde sus padres y hermanos vivían, a pedirles que la recibieran, a confirmarles que tenían razón cuando le sentenciaron que esa relación no tendría buen fin. No le pidió a él que fuera con ellos. Por primera vez se separaron.

Él siempre mantuvo su modo de ser, no fue tras ella, se quedó en la banca de atrás, como un espectador anonadado, incrédulo y le esperó muchos días que pasaron muy rápido hasta hacerse ríos y muchas más noches que se hicieron mar. Ella al irse le dijo, “yo voy a estar a tu lado siempre, un día volveremos a estar juntos, pero no te detengas: haz tu vida”; No me llames, yo te busco… y él no la llamó y ella… nunca no lo buscó.

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