NÓMADA

Por Santana García

Santi era un niño con una vida peculiar. Junto con su familia debía mudarse con frecuencia, debido al trabajo de papá.

En una ocasión, Santi se sumió en una gran tristeza, sintiéndose solo por haber perdido a sus amigos al mudarse. Siempre era igual: llegar a un nuevo lugar y encariñarse, para luego partir, perdiéndolos a todos. No quería sentirse así de nuevo, por lo que decidió que no haría nuevos amigos nunca más.

En su nueva escuela, Santi se aislaba de todos, mostrándose tímido y callado. Pero a pesar de su apatía, Julio y María se acercaban siempre a él, obsequiándole un dulce o invitándolo a jugar con ellos. Insistieron hasta convencerlo y por fin se hicieron muy buenos amigos. Los días felices, de juegos, risas y empujones en el recreo habían vuelto.

Hasta que llegó el momento en que Santi y su familia se mudaron otra vez. Y de nuevo al niño nada lo animaba; se encerraba solo en su habitación y no quería ir a una nueva escuela.

Hasta que una tarde, mamá llegó junto a él con una cajita azul entre sus manos y le dijo:

— Una vez escuché que los mejores amigos son como las estrellas en el cielo, quizás están distantes, quizás no las veas, pero sabes que están ahí y están para ti.

Entregó la cajita al niño y se fue.

Al abrirla encontró coloridas cartas escritas por sus amigos, recordándole lo mucho que lo querían y extrañaban, pero que le escribirían siempre y que los niños de su nueva escuela se alegrarían de conocer a alguien tan valioso como él.

Ese día Santi aprendió que al mudarse no perdía a sus amigos, sino que ganaba la oportunidad de sumar maravillosas personas en su vida, que su cielo crecía con cada nueva estrella y que así nunca estaría solo.

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