Terapia con el taxista para dejar de fumar

Todavía lo recuerdo , como si ese día hubiera quedado fotografiado en mi memoria sin ninguna posibilidad de cambio. Me levanté muy temprano aproximadamente a las siete de la mañana pero se me hizo tarde ya que me entretuve viendo las noticias de CNN porque según el reportero Álvaro Hernández habían encontrado a pocas horas de la madrugada en una cueva del pueblo vecino, las huellas de un extraño animal, él cual, los habitantes de la comunidad afirmaban, era el mismísimo Diablo que desde varias décadas atrás le gustaba dar paseos por esa zona embrujada y según ellos era el mismo el que estaba involucrado en varios accidentes y explosiones de la zona.  En verdad el acontecimiento me dio mucha risa, a quién se le ocurre pensar que el Diablo existe pensé yo y que además da paseos nocturnos. Con la sonrisa en la cara vi el reloj para darme cuenta que ya era muy tarde, tendría que tomar un taxi si quería llegar a tiempo y no ser reprobada por mi comprensiva maestra de balett  que por aquellos días me tenía bastante alterada, así que con prisa tomé el dinero reunido y salí a toda prisa.

La mañana estaba lluviosa y muchísimos taxis se amontaban en la avenida principal, varias veces hice las señas para que pararan y ninguno se compadeció de mí, así que estuve en aquella situación como 20 minutos hasta que un señor como de unos 55 años respondió a mis señas. Se veía decente por lo que no dudé que me llevaría a mi destino sana y salva. Ya estando adentro del taxi me relajé, aún tenía tiempo para llegar puntual a mi clase. Recuerdo que la humedad del clima me hizo desear anciosamente un cigarro por lo que me dispuse a prender uno de los que todavía me quedaba. Cuando sintió el olor del tabaco, al taxista se le transformó completamente la expresión como si yo lo estuviera apuntando con un revólver, con la rapidez de un rayo me lo arrebató y lo lanzó como una granada a la calle.

Tú estabas a esa hora en la terapia de los alcohólicos anónimos y drogadictos compulsivos, estabas precisamente dando tu testimonio de que como si es posible dejar las drogas si encuentras el amor, el que todo lo cura, el que todo lo puede, el que todo lo vence; las ventanas abiertas del salón mostraban un hermoso paisaje soleado a las orillas del río Malut en Francia. Todos los asistentes boquiabiertos te escuchaban con gestos de admiración, aplaudían tu valor de decirle no a las drogas, te habían convertido en su héroe , ahora tenían por quién luchar pero cuando estabas a punto de terminar la última parte de tu inspirador discurso un cigarro de quien sabe donde entró a máxima velocidad por la ventana generando un explosión de la que nadie sobrevivió excepto tú, quizás porque estabas protegido por la fuerza del amor.

Pablo ese día decidió estrenar la nueva droga  que le habían regalado, era su cumpleaños, una ocasión especial para drogarse sin límites, convocó a sus amigos desde muy temprano en la playa, el plan es que fuera una drogata frente al amanecer y las olas, eso era lo que venía ideando desde un año atrás. Quedarían todos tan drogados que ya no querrían probar más drogas en toda su vida. Fueron llegando sus hermanos de aguja y por orden de llegada les repartía las pastillitas azules, rojas y amarilas. Cuando todos tuvieron su ración de dulces se atascaron en silencio mientras contemplaban como el sol emergía de las profundidades del mar. Era realmente un cuadro conmovedor con las palmeras atrás entonando el hermoso coro del alba. Pablo no pudo llorar al recordar a sus difuntos padres y los días del pasado compartidos en esa misma playa. Ese recuerdo y el sonido de los pelícanos lo tenían absorto pero no tanto como para no percibir el olor a quemado que emanaba de las palmeras. Todos fijaron sus ojos para presenciar como se desprendían de la arena como cigarros gigantes que además de ser cigarros eran también unos enormes cohetes llenos de combustible dispuestos a emprender el vuelo hacia el espacio. Pablo inmediatamente quedó en shock, siempre había soñado con ser astronauta y precisamente antes de tomarse las pastillitas había pedido el deseo de viajar a las estrellas. Dios le estaba concediendo el deseo de su vida así que sin persarlo dos veces se subió en una de las palmeras cigarro cohete para simplemente caerse y ser golpeado por un coco que lo  dejó en un coma  permanente.

Después de lanzar el cigarro como una bomba, el taxista apresuró la marcha, parecía que huíamos de la policia, comencé a asustarme, nunca me había encontrado con alguien tan loco pues jamás me dijo que no podía fumar en el auto y para mi punto de vista estaba exagerando, no era para tanto pensé, es sólo un simple cigarro, pero parecía que el hombre había visto a un fantasma. Ibamos a máxima velocidad casi a punto de estrellarnos y entonces comencé a ver todo borroso, una neblina rara me tapaba los ojos y a lo lejos una voz ardiente me decía duerme, duérmete niña, la voz parecía arrullarme, seguramente me estaba drogando aquel taxista chiflado, fue lo que pensé mientras perdía la consciencia.

Estabas aquella mañana en tu desolada y nueva habitación en los suburbios de Nueva York, el cadáver de una rata te mostraba un cuadro surrealista con las moscas saliendo de sus tripas,  en la mesa la aguja de la jeringa de la noche anterior te guiñaba el ojo con su brillo, no dudaste, la tomaste con determinación clavandola en tu vena adolorida, una dosis de frescura invadió tu pecho, te sentiste en casa otra vez; viste la ventana por donde se podían observar miles de lucecitas provenientes de otras ventanas como la tuya y una imagen infernal apareció frente a ti. Era el Diablo en todo su esplendor, más espantoso que nunca, estaba fumando un cigarro larguísimo de esos que son mentolados pero hacía un sonido extraño, tic-tac-tic-tac, comprendiste que era una bomba de tiempo. La mirada de aquel demonio era horrible, te infundía la constante idea de que te sacaras los ojos para ya no poderlo observar, así que tomaste la aguja y con fuerza la clavaste en una de tus pupilas mientras el cigarro explotaba en los labios del Rey de las Tinieblas.

Lupita el 29 de octubre del 2009 se levantó temprano, aún no salía el sol cuando ya estaba saliendo de su casa para llegar puntual a su trabajo, ese día la iban a ascender, era su máximo sueño, ser la jefa de la producción de cigarros en la fábrica más grande del pueblo vecino, por fín podría comprarse su casita y su coche anhelado para pasear los domingos, había trabajado ahí por diez años consecutivos, ya era hora de que la vida la recompensara. Esa mañana iba muy contenta por el callejón de todos los días pero sintió un chiflido suave detrás de ella, el chiflido entonaba una de sus melodías favoritas. Entonces Lupita sin darse cuenta comenzó a perder el control de su cuerpo, ese silbido la desorientaba de una forma extraña ejerciendo un fuerte poder en ella. Empezó a seguirlo sin saber por qué, sólo caminaba hipnotizada, así en unos pocos minutos se halló en una de las cuevas más turisticas del pueblo. La acompañaba un ser de aspecto totalmente desconocido, no era para nada feo pero tampoco atractivo, más bien provocaba una extraña sensación de pánico combinada con un aire de seducción. El sujeto portaba una elegante gabardina  de seda negra y un sombrero de copa como sacado de otra época, su mirada era penetrante y parecía insertar ideas en la mente de Lupita que ya no tenía ninguna noción del tiempo ni del espacio. Pasaron aproximadamente cuatro o cinco horas, hasta que la joven con movimientos calculados salió de la cueva con un saco de dinamita casera que al parecer ya llevaba en la bolsa desde que salió de su casa. Sin apuro la joven se dirigió a la fábrica en la que seguramente ya sus compañeros de trabajo y su jefe la esperaban preocupados por su retraso y exactamente a las 8 30 am la Fábrica Tabacalera de San Ignacio explotó.

Cuando reaccioné de mi aturdimiento en la radio del taxi se escuchaba la noticia de la tragica explosión de la fábrica de tabacos de San Ignacio con más de 100 muertos y 60 heridos de los alrededores, justo bastante cerca de la cueva del Diablo, así popularmente conocida por los habitantes del pueblo. Al reaccionar todavía pude ver como el cigarro que me quitaba el taxista caía sobre el pavimento mojado para perderse entre la basura de la calle, que extraño pensé, según yo había pasado mucho tiempo pero cuando miré el reloj mi aturdimiento había sido cuestión de segundos. No olvido que en el espejo del taxi se balanceaba frenéticamente un péndulo de cristal. Al parecer sólo me había dormindo por 5 segundos o había entrado en un letargo, eso por aquellos días de muchas tareas me pasaba con frecuencia.

Recuerdo que la noticia de la radio me impactó, en todo el día no pude recuperarme del susto. En la noche al llegar a mi casa lo primero que hice fue ducharme para espantarme el susto,  y mientras me palpaba los muslos embarados de hacer ejercicio todo el día, descubrí una marca que aún no se me ha borrado, marece la secuela de una patada de un animal extraño del cual prefiero no imaginarme absolutamente nada, lo que si les puedo afirmar es que ya nunca más he vuelto ha tocar un cigarro ni a beber como solía hacerlo, todo gracias a esa travesía en el taxi.