La factoría

Icarus 1944

El viejo orfanatorio se estaba derrumbando desde sus cimientos. Años de mala gestión sin patrocinios ni apoyo oficial lo habían dejado en quiebra y ahogado en deudas aunque, en contraste, abarrotado de niños.

Edificio simbólico del Virreinato, catalogado como patrimonio histórico, mudo testigo de guerras y movimientos mil, la imponente construcción estaba sucumbiendo a la burocracia y el desinterés.

En contraste, hace pocos meses se había inaugurado una pinacoteca justo en el edificio anexo. Una construcción tan antigua como el orfanato y que ahora exhibía la brecha que el dinero puede crear.

Las obras exhibidas eran de gran calidad y lo mismo colgaban cuadros de los grandes maestros que los de nuevos valores.

El director del museo era Jacques Duplessy. Su paso por el Louvre y el MoMA le daban autoridad en el mundo de la pintura. Su ojo era infalible y su palabra ley.

Jacques vivía dentro de las instalaciones, en un lujoso departamento que quedaba justo a espaldas del orfanato. Los que pasaban por la calle y observaban con cuidado podían notar que cuando las luces de las habitaciones de Duplessy se apagaban un mortecino destello se encendía en el hospicio y viceversa.

Las exposiciones en la galería cobraban más notoriedad y una casa de subastas empezó a funcionar allí. Lo mismo se adquiría un Manet, un Rubens o un Matisse que un cuadro de los noveles genios sin rostro.

La cuenta bancaria de Duplessy se hacía cada vez más gorda al igual que su propietario. Su fama también se acrecentaba.

Un día, una sección del orfanato colapsó, sepultando a varios niños. Jacques organizó de inmediato una subasta para ayudar a la acéfala institución. La respuesta no se hizo esperar ante el llamado del buen hombre y el dinero fluyó a raudales. Aprovechando el momento el director anunció la creación de una fundación encabezada por él mismo, que apoyaría el funcionamiento del hospicio. Los medios no tardaron en difundir la nota, la reconstrucción se podría iniciar de inmediato. Alguien por fin le daba importancia a los hijos de nadie.

 

Ya en su departamento Duplessy no podía estar más feliz. Su taller seguiría funcionando…