Inmolación

“…y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.” Gn 3,24b  Había conseguido el ser humano un árbol, el otro, ahora le era prohibido ir. Como niño caprichoso volvió su mirada a su antagónico, la muerte, su propia muerte.

El decidir cuándo y cómo morir es un derecho que si no hubiera Dios, sería nuestro, eso lo hace todavía más atractivo y retador. La vida sin la posibilidad de inmolarse se volvería tibia, aburrida, sosa. Unos lo hacen en el altar del deporte, otros de la ciencia, arte o religión.