Hervir la sangre


En homenaje a Emiliano y Rafael

En este tiempo de apremio

hay que levantarse, dejar de observar,

apretar bien el zapato de la revolución,

abrir la garganta con el tequila de las consignas.

 

Sin sombrero y sin el bigote empolvado,

tampoco fumando cigarros de papel arroz;

los machetes y las armas de fuego esperan

poder reclamar la tierra y la libertad.

 

Expectantes están los ojos profundos, manchados de tierra,

el pasamontañas oscuro, máscara del frío conformista,

y la pipa exhalante del humo de la igualdad;

quieren detener la opresión y injusticia.

 

Las ganas de luchar no precisan llegar

desde una remota selva cansada de sufrir,

deben de  buscarse en el baúl de la conciencia,

arrancarlas de los marcos de pinturas viejas.

 

Ante la indignación del teatro electoral,

pueblo, a  despertar del letargo mediático.

La oscuridad del pasado represor acecha

y es quimera difícil que se niega a morir.

 

Armándose de libros eternos, de fusiles solidarios,

sin esperar el nacimiento de un héroe redentor,

la sangre ha hervido antes y  hoy también lo hará;

campesinos, indígenas, citadinos, todos por igual,

el pueblo unido será  el emblema de la bandera libertaria.