Experimento adelantado 2

−Bueno, ya llegamos, vamos a ver en donde se puede vender la mercancía, la vendemos y nos largamos de aquí –dice el abretodo quitándose el traje.
−Yo tengo hambre, qué hay de desayunar –habla el sangui mirando para todos lados.
−La nave no estaba abastecida para viajar, no hay agua, ni comida –responde el doctor Carlos, inspeccionando los controles de la nave.
−Esperen, primero tenemos que ver si hay atmósfera, a qué planeta llegamos, si está habitado, y cientos más de cuestiones por resolver. Doctora Nancy, revise la computadora –dice el doctor Isaac asomándose por la ventana de la nave.
−Sí, pero no prende, tampoco mi celular funciona, no tenemos señal. No sabemos a dónde llegamos.
−No se preocupen, las coordenadas que tenía la nave eran de alguno de los planetas que logramos captar con características similares a la de la Tierra, algún Kepler 186f, -296f, -69c, -62f, hay atmósfera, agua, suponemos que vida, no necesariamente inteligente. Yo en lo personal no creo que haya vida inteligente en otro planeta, pero estoy abierto a la posibilidad, de ahí la importancia de este proyecto científico –contesta el doctor Carlos tranquilamente.
−Yo sí creo en los extraterrestres, no me pierdo todos los domingos el programa de los ovnis –dice el sangui quitándose el traje y los lentes.
−Esto no es un debate sobre los extraterrestres, en última instancia, somos ahora nosotros, extra planetarios de aquí. Tenemos mucho trabajo, conseguir agua y comida, obtener energía para regresar a la Tierra, llevar evidencias de este planeta para estudiarla –comenta el doctor Roberto.
−Vender toda la mercancía –dice el sangui.
−Doctor Carlos, ¿está programada la computadora para regresar?
−Sí, doctor Roberto, solo necesitamos la misma cantidad de energía que desplegamos para llegar. Vamos a investigar de dónde la podemos sacar. Se ve a nuestro alrededor un gran terreno desértico, pero no vida; hay luz como de sol, aunque, sabemos que no lo es. No tenemos idea a qué nos vamos a enfrentar. No creo que nos encontremos con vida inteligente, pero, si es así, cómo nos podremos comunicar con ellos; no tenemos información si son pacíficos o no, pero, si es así, no tenemos armas.
−Déjenme a mi hablar con ellos, sé algunos códigos en los que se puede expresar, no como lenguaje, pero sí como especie de emociones, conceptos globales, tales como, estar de acuerdo, en descuerdo, estar en son de paz, de guerra, etc. Lo leí alguna vez en una novela que se llama Diálogo Intergaláctico, no era muy científica, pero creo que ahora nos servirá –dice la doctora Nancy.
−Yo también he investigado en el yutu sobre ellos. Y si se nos ponen al brinco, yo me los quiebro –dice el sangui, sacando su cuchillo.

Los doctores Isaac, Roberto, y Carlos están en la nave haciendo cálculos matemáticos y revisando la nave; mientras el sangui, la doctora Nancy, el abretodo y el meromero salen de la nave y empiezan a caminar; después de varias horas, se paran en una colina y ven hacia abajo, visualizan unas construcciones de piedra, y seres transitando por ahí, hay vegetación, árboles, animales domésticos.
−¡Siento que me voy a desmayar! –dice la doctora Nancy llevándose las manos a la cabeza.
−Ahorita buscamos un doctor –habla el abretodo tratando de sostener a la doctora.
−¡No!, ¡solo que es impresionante para mí ver esto, vida en otro planeta parecida a la nuestra!, yo no creía que pudiera haber vida inteligente en otro planeta, y ahora la veo con mis propios ojos. Esto acaba de cambiar mis paradigmas. Tenemos que traer a los doctores, ninguno de ellos cree en vida extraterrestre inteligente. Veo a estos seres muy parecidos a nosotros, como si vivieran en la edad media de nuestro planeta. Tenemos que conseguir ropa como ellos para no levantar sospechas.
−Nosotros nos encargamos de eso. Lo que me preocupa es que no vamos a poder vender nuestra mercancía, todavía no tienen luz eléctrica, ni red guaifai, ¿verdad Nancy?
−No abretodo, no veo algún indicio de ello, pero, hay mucha información que obtener de este planeta.
−Y si nos quedamos y les enseñamos la luz eléctrica y toda nuestra tecnología, nos tratarían a cuerpo de rey. Veamos cómo están las hembras de estos cuates. Y si me gustan yo me quedo –dice el sangui, muy relajado.
−¡No!, tenemos que dejarlos que evolucionen a su ritmo, no podemos intervenir en su desarrollo. Solo podemos advertirles de los peligros si no cuidan su planeta, de si atentan contra su raza, si se alejan de su Dios, etc. Es como una regla intergaláctica no escrita, bueno, eso decía la novela que leí. Ahora veo que puede ser más verdad que ficción –Comenta Nancy mirando a lo lejos.
−No le hagan caso, ¡qué les puede enseñar el Sangui!, nunca paso de primero de primaria –dice el meromero.
−Y ahora, ¡Qué… caramba vamos hacer con toda la mercancía que trajimos? -dice el sangui frenando su lenguaje.
−No sé, ¡quién…caramba les “vendió” la idea de vender su mercancía en otro planeta!, los timó.
−¡El cabezota!, el Rober −repiten los tres a coro.
Mientras estaban hablando, no advirtieron que se les acercaban dos seres del planeta. Al capatarlo se ponen a la defensiva, pero los habitantes, en apariencia un adulto y un niño se comunican con ellos.
−Venimos en son de paz −levantan las manos
−Nosotros también –responde Nancy, y los cuatro levantan las manos.
−Les venimos a advertir que se vayan, porque si se enteran los guardias se los van a llevar a un lugar secreto, dicen que los destazan para estudiarlos y a su nave también, pero nunca nos informan a nosotros nada, todo lo niegan. No son los primeros en venir; hay aquí como una atracción para que caigan naves como las suyas, pero no vemos dónde está la suya –Los escuchan como si pudieran ellos entender la idea; todo ayudado con señas.
−Queremos saber, qué planeta es éste, en que época están, en qué punto del universo se encuentran…
−No hay tiempo, otros ya los vieron, van a ir a avisar, regresen ya. Corran, nosotros los distraeremos.
−Pero no tenemos energía en la nave, necesitamos mucha, mucha para irnos.
−Cerca de donde los vimos aparecer hay como una corriente de energía, por eso aparecen artefactos como los suyos. Solo necesitan llegar allá y van a desaparecer. Nadie se quiere acercar ahí, hay muchas versiones de lo que pasa, ¡váyanse ya! –La doctora Nancy se quita el anillo de graduación del doctorado en Astronomía y se los da como símbolo de agradecimiento.
Los cuatro regresan corriendo, se ponen sus lentes de infrarrojo para ver la nave, están muy agitados, suben y cuentan lo que les pasó. Los doctores ya tienen conectadas todas las pilas de los celulares y tabletas y logran mover la nave la distancia para acercarse a la fuente de energía, que al parecer ya tenían captada, se ponen sus trajes a toda prisa se colocan en su compartimento acostados y sienten la vibración como cuando despegaron. Cuando despiertan se encuentran en la sala de la universidad, checan sus relojes y ven que solo pasaron 5 minutos. La nave está muy caliente, se quitan los trajes, nadie habla, recogen todos los celulares, tabletas, las pilas y las colocan en las cajas de huevo. Se bajan de la nave.
−Y ahora, ¿quién nos va a pagar toda esta mercancía? –dice el sangui como volviendo en sí.
−Nadie, de todos modos es robada –comenta el doctor Roberto.
−Tenemos que enfriar el motor y arreglar la nave. El lunes se tienen que ver como que nada pasó –comenta el doctor Carlos intentando pararse de su compartimiento.
−¡Tenemos que regresar! Ya les dije que hablamos con ellos, ya se los describí, nosotros vimos su población, créanme.
−Olvídate de eso Nancy, no tienes evidencia, tal vez la deshidratación o el hambre te hicieron ver eso. No tenemos registro del planeta al que supuestamente fuimos. No tenemos nada –dice el doctor Isaac bajándose de la nave.
−¡Me pido acabarme el garrafón de agua! –dice el sangui dirigiéndose a él.
−No se preocupen, hay botellas de agua y comida en el esa gaveta, ahorita la abro –dice el doctor Carlos buscando las llaves.
−Ya las tengo, y ahorita me acabo toda su comida –grita el abretodo corriendo a ella.
−Bueno, chicos si se quieren ir, váyanse, les agradezco que hayan hecho todo esto por mí, nosotros nos quedamos a arreglar la nave, no se preocupen por mí, estaré bien, ahora tengo más preguntas que antes, y muchas ganas de iniciar nuevos proyectos –dice el doctor Roberto bajando las cajas de celulares.
El abretodo abre el cajón de abajo de la gaveta y del fondo saca una caja, la abre, hay pedacería de oro.
−Miren lo que encontré.
−¡Deja eso abretodo! Mejor da gracias a Dios de que regresamos con vida –dice el meromero sensiblemente enojado.
−¡Mi anillo! –dice la doctora Nancy.
−Yo no me lo robé, solo lo reconocí, cuando lo llevaba la Nancy tenía un brillantito arriba la derecha –dice el abretodo.
−Está muy borrado, pero hay partes que se ven, miren, me queda bien; adentro dice mi nombre y fecha de graduación, ya no se ven pero, ligeramente se logra ver el 2 y al final el 7 –habla pausadamente la doctora Nancy.
−No sé cómo llegó allá, nosotros compramos pedacería para experimentos que requieren oro –comenta el doctor Carlos acercándose a ver el anillo.
−Se lo dio a uno de los del planeta al que fuimos, todos lo vimos –dice el sangui, sensiblemente asustado.
−Eso no prueba nada, puede haber muchas explicaciones de cómo es que el abretodo lo tenía, lo conozco bien… o no viajamos en el espacio, sino en el tiempo; o viajamos en el tiempo y espacio; o solo en el espacio, o solo dormimos 5 minutos y cada quien imaginó lo que su subconsciente quiso imaginar al estar sometidos a tanto estrés –comenta el doctor Roberto, tomándose una botella de agua.
−Sea lo que sea, nadie nos va a creer –dice la doctora Nancy mirando su anillo.
Fin