Eufemia

 

Te esforzaste para alcanzar tus metas,

superaste la adversidad, los obstáculos

y a personas con capacidades diferentes;

decías que eso es daño colateral.

 

A tus relaciones aplicabas métodos prácticos,

si no podías vislumbrar un porvenir,

los persuadías en querer la soledad;

liberabas corazones invadidos.

 

Nadie ponía en duda tus palabras,

apuntabas siempre a la modernización,

creyendo que traería bienestar a largo plazo,

aún si lo tenías que hacer con la mano abajo.

 

Hacías el amor de todas maneras,

metías bajo tus sábanas a cualquiera

y aunque fueran encuentros casuales,

no te sentías una dama de compañía.

 

No creías en regalar tus recursos,

tantos desfavorecidos económicamente,

invidentes que no se quieren acomodar,

se deberían de ganar el acenso de clase.

 

Huías a las cargas de la tercera edad,

no ibas a padecer lo que esas personas

que ya descansaban en paz;

tenías miedo de ser víctima de la vida.

 

Nunca quisiste ser la madre soltera,

a nadie le harías el favor de crear un retoño,

creías que todo tenía un contenido de adultos

y toda niñez ya jugaba en un campo santo.

 

Eufemia, tan bondadosa y afortunada,

no sospechabas todo lo que escondías;

portabas un vestido blanco de inocencia

y te manejabas con suavidad y decoro.