Escena 1

Desnuda tu mirada ante los reflectores de mis ojos,

en este escenario del tiempo

pues nunca más tendremos las mismas máscaras

ni el mismo papel aprendido que desempeñamos día a día.

 

Levanta el telón y deja que tu alma

baile estática por el espacio vacío de esta noche

en la que toda la luz de mis ojos se inclina hacia tu rostro,

déjala desplegar  su sombra escondida en tus pupilas

y que cante su eternidad por un segundo

ante  el público de mi alma

con sus rostros agotados que han terminado su vuelo en este acto.

 

Desnuda tu monólogo,

permite a todas las palabras

que el silencio ha escondido en su baúl

salir con sus disfraces destruidos.

 

Muéstrame el otro rostro de tu rostro,

ese que sin maquillaje me recuerda castillos de arena,

de nubes, de papeles y bloques que todavía construyen colores en la                                                                                                               marea de la noche.

Muéstrame las lunas y soles que tu mirada en sus ansias de persistir ha grabado en sus muros,

ahora que el instante es nítido,

que la noche ha abierto una fisura en sus paredes

y la luz penetra e ilumina el escenario del encuentro.

 

Nada temas ante el público de mi alma

con sus rostros ensombrecidos

que súbitamente  despiertan en el último recinto del viaje,

este acto indefenso que apenas se sostiene a la obra del tiempo.

 

Yo también estoy desnuda observando tu desnudez

frente al cristal del proscenio

ahora que el tiempo hace una parada y detiene el curso de los astros

y ha silenciado a su voz de campana en la cúpula más alta,

abre tu alma como la cola de un pavo real

dirigiendo todos sus ojos hacia mi.

 

No habrá otra escena u otros intervalos

cuando el telón muera y los reflectores de mis ojos se apaguen.

La noche como un abanico vuelve a abrir sus puertas

y las estrellas continuarán creando caminos en el universo

que debemos tomar con sus trenes y estaciones.

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