Entre metáforas y electrones

 

Literatura y emoción

¿Qué es primero, la emoción o el sentimiento?

Antes los creía sinónimos, pero no. La emoción es animal; el sentimiento, humano. La emoción eriza la piel, contrae el rostro, vacía el estómago, presiona la garganta para llorar. El sentimiento  es posterior, la traducción que le das a la emoción. Te sientes feliz porque sonríes, sientes miedo por el escalofrío en tu espalda, sientes tristeza porque lloras. La reacción primitiva es más veloz que la reacción racional, milisegundos acaso. Antes de tener conciencia de los celos, tu estómago es quien te grita que algo va mal con la mirada de tu pareja y su amigo/a,  luego ya le pones nombre a la sensación, “siento celos”, y la emoción se  retroalimenta llevando el malestar del estómago al pecho, a la garganta, a los puños que se cierran, al reclamo que ya comienza a formarse en la voz.

Menciono a  los celos por su intensidad y fácil identificación, ¿quién, por más seguro y confiado que se crea, no los ha experimentado? En la literatura hay buenos ejemplos, Julio Cortázar nos regala uno memorable entre  Oliveiro y la Maga en el capítulo 20 de Rayuela, “Siempre sospeché que terminarías acostándote con él”- le reclama Oliveira a la Maga en el inicio del capítulo y, a partir de ahí, uno se deja invadir fácilmente por las emociones del que acusa (Oliveiro) y la que se defiende (La Maga), entendiendo a uno y a otro, enojándose, riéndose y volviéndose a enojar con ellos.

Algo interesante es que, aunque Cortázar, nunca menciona que el personaje está celoso, uno se identifica fácilmente con la emoción de Oliveiro, esto es por los diálogos, la descripción de los gestos, posturas y movimientos. Si el autor se hubiera únicamente dedicado a resumir el sentimiento mencionando que el personaje “estaba celoso”, la escena hubiera perdido gran parte de su impacto hacia el lector. La literatura comunica emociones y uno las puede recrear gracias a la destreza del autor. El buen escritor, a mi gusto, es aquel que sabe comunicar emociones y no tanto precisar los sentimientos, ya  que las primeras nos penetran de manera inmediata, mientras que los segundos, al ser una recreación más racional y abstracta, nos contagia menos: Escuchar el sollozo de una persona nos conmueve más que escucharlo decir “estoy triste”.

Mucho se ha discutido sobre la función de la literatura , hay posturas en los dos extremos, aquellos que la ponen como una herramienta todopoderosa, salvadora de los males del mundo; y  por el otro lado quienes aseguran, con un orgullo pesimista,  que la literatura y el arte en general, son  completamente inútiles. El escritor mexicano Jorge Volpi, en su ensayo “Leer la Mente” (2011, Ed. Alfaguara), se pronuncia a favor de darle una utilidad a la literatura, específicamente hablando de la narrativa, el arte de contar historias. Para él, la función de una buena historia es la de provocar a través de las emociones empatías en el lector. Como argumento científico de ello nos habla de las neuronas espejo.

Las neuronas espejo fueron descubiertas en los años noventas por un grupo de científicos italianos. Ellos estudiaban las zonas del cerebro que se activaban cuando un mono macaco realizaba movimientos y acciones determinadas. En cierto momento, uno de los investigadores sintió hambre y se llevo a la boca un cacahuate,  en la pantalla donde se monitoreaba la respuesta observaron con asombro que la zona cerebral del macaco, correspondiente a la acción de comer, se activaba.   Primero lo interpretaron como un error, ya que el macaco no se había movido, pero luego, al corroborar con más experimentos, descubrieron que el cerebro del macaco hacia suyas las acciones que solamente observaba. El descubrimiento fue publicado en 1996 y pronto los estudios de extendieron a los humanos.

Antes se creía que los sentimientos de empatía se lograban únicamente por analogía, es decir, si nos encontrábamos con un niño llorando en la calle, asumíamos que estaba triste y en nuestro cerebro comparábamos sus sentimientos de tristeza con alguna experiencia personal; con el descubrimiento de las neuronas espejo se encontró que la  empatía, en un primer instante, no es tanto una comparación sino más bien un reflejo, directo e involuntario, de la emoción que atestiguamos.  Estas neuronas provocan que nuestros cerebros puedan “reflejar” de manera inmediata las acciones que vemos e imaginamos, haciéndolas nuestras. En palabras de  Volpi “Cuando te miro llorar, en mi cerebro lloras y yo lloro al mismo tiempo, las personas gramaticales se confunden”.

Otra función de la literatura, en relación con las emociones, la mencionaba ya Aristóteles en su poética. Él introdujo el término catarsis para referirse a los sentimientos liberadores que se experimentaban al ver representadas las tragedias griegas. Para Aristóteles, el ser testigo de una trama donde se desataban las bajas pasiones, provocaba que el espectador viviera tales pasiones y sufriera el castigo a través de los personajes; de este modo evitaría seguir sus caminos. Aristóteles entendía así que la literatura tenía una función individual de purificación que se expandía luego al bien social.

mental conexion

Cuando abres el libro, cuando presionas play, cuando en la sobremesa tu abuela comienza a contar, cuando te sientas frente a la tele con tu tazón de palomitas, cuando el telón se abre, cuando las luces se apagan. Cuando dejas de ser tú para ser los demás, el que oyes, el que ves,  el que acuchilla y el que sangra. Cuando cierras el libro, presionas stop, te paras de la mesa, llevas al lavaplatos tu tazón; cuando el telón se cierra, cuando las luces se encienden. Entonces eres el mismo pero también los otros. No sé si los comprendas, pero los has vivido, han vivido en ti.

 

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