El ignorante y el viejo

 

EL IGNORANTE Y EL VIEJO                         EL IGNORANTE Y EL VIEJO                                                                Por: Jorge G. Zarza Spíritu

Cuando me di cuenta, estaba perdido. No sabía cómo había llegado a este extremo de ignorancia. Yo creía ser una persona culta y educada, hasta que una amiga me invitó a una reunión de la Sociedad de Escritores y Poetas Angelopolitanos (S.E.P. A.).

Tratando de socializar y creyendo que los caballeros ahí presentes eran como la mayoría, aficionados al futbol, intervine en una charla en la que hablaban de un personaje llamado Van Gogh, comenté que si era el salvaje jugador holandés que de un cabezazo le rompió la nariz a un medio campista del Bayer Múnich hace un par de años.

El grupo de personas que estaban conversando, notables escritores e intelectuales por un momento quedó mudo. Ninguno contestó. Mientras yo conservaba mi sonrisa esperando que los comentarios ahondaran en un tema común en la que yo me sintiera cómodo y no en sus complicados temas de libros y autores raros, ellos se miraron unos a otros en lo que yo supuse estaban estructurando su respuesta.

Si yo hubiera sabido la respuesta que me iban a dar, hubiera preferido que me tragara la tierra.

Finalmente uno dijo –al Van Gogh que nos referimos hace un momento, está relacionado con la pintura del siglo XIX– retirándose no sin antes decir –con su permiso.

Un segundo contertulio tomando un sorbo de su copa dijo –parece que no hablamos de la misma persona, debe ser un homónimo muy desafortunado.

El tercero muy serio dijo –así es, pero no le rompió la nariz sino la oreja, y no fue de un cabezazo sino de una mordida. Los demás me miraron con unas sonrisas muy apretadas, pero guardaron silencio.

Mi amiga me pidió que la acompañara a presentarme con otras personas, y un poco desconcertado la seguí muy de prisa porque así iba ella. Después de enterarme del sarcasmo del que fui objeto, comprendí que quería saber lo que no estaba a mi alcance, demostrar cuanto sabía para impresionar a mi amiga.

Pero, ¿quién puede saber todo?, ¿acaso alguno de ellos sabe lo que yo?, ¿debo saber justo lo que ellos saben?, ¿todos debemos saber de todo?, y el que no los sepa todo, ¿es inculto o ignorante?, ¿qué debe saber una persona culta?, ¿filosofía?, ¿ciencias naturales?, ¿historia universal?, ¿literatura? Yo quiero ser un hombre culto, y no por quedar bien con nadie. El hombre culto ¿actúa con civismo?, ¿con buena educación?, ¿con las buenas maneras o buenas costumbres de Carreño?, ¿qué es ser culto? Porque algunas personas que saben mucho de poco los honran con un grado de doctor, y otras que saben poco pero de muchos temas reciben grado de maestros, ¿son cultos?, ¿la cultura es personal, es social, es universal?

Caminando por la calle hacia mi casa, vi  un anciano que, después me di cuenta, caminaba demasiado lento, pero cuando lo alcancé, iba al mismo ritmo que yo. Sin más, el viejo me miró y dijo – ¿tendrás algo para darme?, y agregó –soy muy viejo, muy pobre y no tengo nada para compensarte, pero si me ayudas te puedo dar la respuesta que estás buscando.

Lo de muy viejo y muy pobre, casi no lo tomé en cuenta, pero la segunda parte, lo de la respuesta, me heló la sangre, – ¿qué me puede dar la respuesta que estoy buscando?

–Así es, yo puedo hacerlo si estás dispuesto a darme algo a cambio

– ¿Algo? Mmm ¿Qué es ese algo? ¿A qué se refiere? Entonces recordé bien que dijo, soy muy viejo, muy pobre y no tengo nada para compensarte. ¿Y en cambio me puede dar la respuesta a lo que quiero saber?

El viejo parecía leer mi mente, pues en ese momento dijo: Hay dos tipos de cultivo, los silvestres y los que han sido generados por la mano del hombre, con sabiduría y sentido, con un propósito definido y muchos cuidados. Hay unos que incluso los que se desarrollan en invernaderos. Todos tienen diferentes características, fortalezas y debilidades. Ahora, tú define qué tipo de cultura consideras tener:

La silvestre o autodidacta,

La que se cultiva en la familia y la sociedad, y

La de invernadero o en las universidades, los colegios y los maestros de artes y ciencias.

Recuerda, ninguno sabe todo y nadie sabe nada. Ahora, a ti te toca darme algo.

– ¿Qué te puedo dar que te haga falta? –sentí algo de temor por la respuesta.

–Algo que sólo una persona culta puede dar: Tolerancia ante la ignorancia.

La respuesta me tomó por sorpresa, y cuando quise contestarle al viejo, este ya no venía a mi lado. ¿Alguno de ustedes sabe quién es ese viejo?

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