El evangelio de María la judía

I – Mercurius ter Maximus

Nací y al cabo morí. Mi madre, Isis, le rogó a Dios que la bendijera con una hija de Lilith. Esa hija soy yo y fui llamada María Magdalena. Desde el momento de mi nacimiento fui instruida en la Hermandad de la Serpiente con conocimientos de Alquimia que, posteriormente, tendría que usar para ayudar a mi Destino a iluminarse. Para cada Isis había un Horus. Y yo debía ayudar a mi Horus a que se elevara en conciencia universal. Viajé por Mesopotamia, por Egipto, por Persia, por India, por Grecia, por Roma y por China; ésto con la intención de absorber la sabiduría de Hermes Trismegisto. Yo me convertí en su discípula y en su carnal adoradora. Practiqué sus enseñanzas hasta el último día de mi vida.

II – Wicca

Me encontraba yo orando cuando me rodearon unos odiosos de la Serpiente que, al detectar mi brazalete dorado, supieron que era una hija de Isis. Me gritaban e insultaban. Incluso amenazaban con terminar mi vida. Me puse a rezarle a Jáhwei cuando de pronto llegó mi Horus. Les ordenó con su poderosa presencia que se retiraran. Nuestros ojos se conectaron y supimos que habíamos encontrado nuestro Destino sin habernos estado buscando. Yesúa me protegió y yo lo protegí a él. Practicamos la Magia Sexual todas las noches para alcanzar la iluminación y la potencialización de nuestros Ka. Desde el día del Encuentro, hasta al día de la Separación, nos dedicamos a fortalecer nuestras almas y perpetuar la sabiduría divina. Descubrimos el secreto de la inmortalidad.

III – Raa Hoor Khuit

Me enferma la vida, me enferma el amor. Me enferma la esperanza, me enferma el pudor. Bajo la guardia ante cualquier situación; y me ataca por la espalda y me extirpa el corazón. Construyo paredes alrededor de este pobre y miserable feudal. Trato de coronar al frío opositor, pero no puedo completar la muerte sentimental. Después de la muerte de Yesúa, él se me apareció infinitas veces; aunque no era igual que antes. Su escencia era ya mucho menos carnal y mucho más espiritual. Había logrado yo mi misión de elevar su Ka. Lo extrañaba; extrañaba estar con él. Pero me encontraba en plenitud al saber que habíamos cumplido los deseos de Isis y de Horus. Nuestro legado fue eterno; jamás se extinguió. Conquistamos el reinado del dios tirano y lo convertimos en un reino de amor y felicidad.

— María Santos @marifersv94

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