El Círculo Escorpión

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Acto I

El escenario es una simple fachada de viejo y pobre cementerio. Hay unas cuantas lapidas al fondo y una sola al frente. Las lápidas del fondo tienen a su alrededor flores y coronas, pero la lápida que se encuentra a primera plano está sola y abandonada.

El cielo está gris pero no llueve. No hay gente a los alrededores, solo están el viejo Virgilio y su también anciano amigo Cristos, de pie, con unos maltratados trajes en negro a los que ni siquiera les han tenido el cuidado de atenderles, fajarles la camisa o arreglarles la corbata casi deshechas. Por un largo rato siguen en silencio, con Virgilio deteniéndose el pantalón con las manos al bolsillo y teniendo al anciano de Cristos fumándose un cigarrillo a su izquierda.

Parece que esperan a alguien, que tienen un pacto de silencio absoluto hasta que se complete el circulo, hasta que el ultimo de los ariscos vejetes se abra paso al último radio.

Entra Oliver a escena. Los otros dos amigos lo ven llegar tranquilo, sin prisa alguna. Cristos dispara con los dedos lo que le queda de su cigarro justo a tiempo para sacudirle la mano a Oliver en señal de saludo personal. Virgilio también lo saluda y al finalizar este ritual, Oliver queda atento a la lápida olvidada. Por unos minutos ninguno de los tres dice nada.

 

Cristos

Toma, he comprado de esa misma basura de marca que a ti tanto te gusta.

 

Cristos acerca el brazo para con Oliver, sosteniendo la cajetilla de cigarros. Oliver toma uno de ellos y se lo coloca en la boca mientras saca un encendedor de su bolsillo. Ninguno de los tres deja de mirar hacía el punto exacto donde yace el cuerpo, enterrado a quien sabe cuántos metros bajo tierra.

 

Oliver

¿Y puedo preguntar a que se debe tanta atención de tu parte, Cristos? El muerto aquí es Johan, no yo. No le quites protagónico. (Enciende el cigarrillo y después de una bocanada de humo se dirige nuevamente a Cristos) A mí, a mí que me cuelguen por impreciso e impuntual, nada más.

 

Virgilio

Quisimos evitar la consecuencia. Ya será problema tuyo.

 

Oliver

Vamos, siempre he sido impuntual. Johan lo sabía. Hubiera sido una enorme falta de respeto presentarme a tiempo cuando Johan sabe que no estoy para esas tonterías.

 

Virgilo

Que va. Para tonterías: las de Johan. Mira que morirse de eso, cuando tu fumas el doble de lo que él lo hacía.

 

Cristos

Sucede que a Oliver le importa un pito. Johan fue siempre un hipocrondríaco. Y ya ves, esos delirios son más peligrosos.

 

Oliver

Sucede que fue un idiota. Siempre supe que sería el primero.

 

Virgilio

¿Y porque?

 

Oliver

Por matrimoniado, hogareño y abuelo. Esas cosas no van con el Círculo, y él lo sabía. Para felices, los crédulos. Y ahora vean lo que les pasa a los crédulos.

 

Cristos

Tu también te has casado ¿Lo olvidas? Así o tanto como Virgilio.

 

Oliver tira al suelo la colilla del cigarro y la aplasta con la suela del zapato derecho. Mete las manos a los bolsillos de la gabardina.

 

Oliver

Me casé, si. Pero es muy diferente casarse y cumplirle a Darwin los caprichos; que casarse y escribir. Vamos, no digo que no ame a Paulina. Sencillamente me he limitado a quererla y no esperar morirme de un ataque cardiaco.

 

Cristos

Razonable.

 

Virgilio

Además, es justamente como ha dicho Oliver. No estamos para esas chingaderas de ser felices. A lo mucho aspiramos a hacer felices.

 

Cristos

Conosco el voto. No importa cómo, no importa donde, no importa el qué… hay que hacerlas felices. Lo sé, lo sé. El estatuto me ha estado rompiendo la cabeza desde que lo establecimos.

 

Oliver

De que te quejas, fue gracias a ello que somos lo que somos, incorporando el Circulo Escorpión.

 

Vrigilio

Las mujeres. Irónico.

 

Oliver

Las mujeres, las sociedades, la crítica práctica, sensata y sencilla.

 

Cristos

Lástima de Johan. Nunca pudo acostumbrarse al realismo mágico.

 

Virgilio

La culpa la tiene solo él. Ahora que, el viejo Johan, ni hablar. Ese si era un hombre de propiedad.

 

Oliver

Creo que el más sabio de los tres. Pero no soportó la presión. Al final obtuvo todo y se aburrió. ¿Qué más le quedaba? Luchó toda una vida por conseguir lo que quería y cuando por fin lo tuvo ya no tenía otra cosa que hacer.

 

Cristos

Tan fácil que es vivir sin superficionalismos. O por lo menos, no depender de ellos al grado en que te mueras por un cáncer de pulmón.

 

Virgilio

Haciendo uso de su palabra: Al final, cuando lo tienes todo, es tan fácil y sencillo que se vuelva espuma.

 

Oliver

Claro que eso depende de lo que se tenga. Un hombre debe tener prioridades. Debe saber equilibrarlas al tú por tú cuidándose de no ser llamado antisemita o discriminatorio.

 

Cristos

Claro, pero por esos comentarios es que la gente se traga cualquier cosa. El consumismo es otro cáncer. Va desgastándole a uno la vida y al final solo les queda un espectáculo de marionetas humanas. Hay demasiado sexo en la televisión.

 

Virgilio

Si. La televisión debe tener más sexo que un ser humano promedio. Que disparatado.

 

Cristos

Maldita sea esa hada de la taza del café que nos espanta el sueño y da besos llenos de vinagre.

 

Oliver

¿A qué grado un hombre puede llegar a ser partícipe solo para demostrar el cliché de la vida moderna? Idiota de Johan, se tomó muy a pecho el estudio que terminó siendo el objeto de experimento.

 

Virgilio

Nos quedan sus bloc de notas y este agujero de tierra removida.

 

Oliver

No me refería precisamente a esto cuando sugerí el cambio de ideología. Lo malo del caso es que no muchos entienden que saber no significa que debas arruinarte de esa forma. Sino que, al contrario, se puede disfrutar del asunto en cuestión.

 

Virgilio

Nosotros ya nos jodimos. Eso hemos de dejarlo para la próxima minoría marginada.

 

Oliver

Ni modo, bienvenido al mundo del 99% mi estimado difunto. (Oliver se coloca en cuclillas como para cerciorarse que la tierra haya sido removida, que la lápida no contenga faltas y que el cadáver esté apropiadamente encajonado)

 

Virgilio

En fin. El Johan mujeriego, culto y sabio lo enterramos ya hace mucho. El hombre que, en su juventud, hablaba de escapismos al campo, de antropologismos exagerados y de fríos razonamientos murió el día en que salimos de la universidad. Dejemos descansar en paz a este patético.

 

Cristos

Le falta revolución a esta humanidad. Inmortales los que no creen en la muerte. Porque la muerte es pura y mera sugestión. Es otra hipocondría. Los Dioses no son nada más que hombres que no tuvieron diccionarios. (Cristos saca la cajetilla del bolsillo y le ofrece un cigarro a Oliver. Oliver lo toma y Cristos toma otro para él. Enciende el cigarrillo y camina un poco a la salida de campo muerto) Andando, conozco un bar cerca de aquí.

 

Virgilio

Al menos el viaje no fue en vano. Vamos, Oliver.

 

Virgilio y Cristos salen de escena a paso lento. Oliver juega un poco con el cigarro aun sin prender con sus manos y lo coloca bajo el pedestal de piedra, justo encima de donde sabe bien tendrá la frente al cielo el pobre de Johan).

 

Oliver

Con cuidado, camarada. Recuerda que ell tabaco podría matarte.

 

Oliver se levanta sin dejar de ver la lápida y acto seguido sale de escena, con las manos al bolsillo de su vieja gabardina.

 

Acto II

El mismo cementerio de antes, con la misma fachada de abandonado y caótico. Sin embargo, ahora llueve. El cielo está abarrotado de nubes grisáceas y el suelo se ha llenado de lodo. Las flores se azotan contra las tumbas al fondo y ahora hay una segunda lápida a primer plano ahí donde se encontraba la de Johan.

Un Oliver y un Virgilio menos viejos pero aún así entrados en carnes miran ahora esa segunda lápida, la conjunta. Ninguno lleva paraguas entre sus cosas. Sencillamente dejan que el agua caiga y se desahogue. Que se desquite con las ropas y la piel tan malacostumbrada para así darle honor a la reunión. Oliver prende un cigarro y cubre el pobre con la sombra del sombrero, aunque eso no deja de salpicarle el rostro de desesperación al ver algunas manchas de agua en el tabaco.

Ninguno de los dos dice algo en un rato. De vez en cuando Virgilio se arregla el cabello mojado con una mano y aprovecha para rascarse las sienes.

 

Oliver

Maldita sea, Cristos, la verdad es que vaya pésima temporada se te ha ocurrido para darte un tiro en la cabeza.

 

Virgilio

Dramático y anarquista hasta después de muerto. Quien lo diría.

 

Oliver

Pues ve tú a saber. Pero todavía no puedo entender cómo es que el muy imbécil tuvo las agallas de colocarse una pistola en la cabeza y jalar del gatillo. Así sin más.

 

Virgilio

Vamos, el hombre estaba loco. Yo si me lo esperaba. Demasiado caos nihilista en la cabeza y de repente ¡Bang! A salpicar de rojo los sillones. Y vaya, que desperdicio de muebles.

 

Oliver

Qué grado de decencia la de él de suicidarse. Se le ha quitado lo Dios, al muy humilde. (Oliver tira el cigarrillo a medio consumir. Ya de nada le sirve tenerlo empapado sin el divino punto anaranjado del final) Puta madre, ni siquiera fumar me deja, el canalla.

 

Virgilio

Quizás es que al final no le apetecía mucho la tontina. Él era de gustos más excéntricos.

 

Oliver

Si. No salía de la orquesta ni de Nietzsche. Solo le faltaba acostarse con su hermana. Por suerte era hijo único.

 

Virgilio

Y sin embargo, gracias a él nos conocimos tú y yo, Oliver.

 

Oliver

Como olvidarlo. Me había tocado la suerte y desdicha de entablar un debate allá en tiempos universitarios con él. Recuerdo muy bien su arrogante y obstinada manera de sociopatía. Nadie podía seguirnos el paso, y estábamos a gusto con la pelea a dos verbos que entablábamos a la mitad de un montón de gente con miedo.

 

Virgilio

Las otras clases las compartía conmigo. Y por eso puedo decirte que te entiendo. (Virgilio tose un poco) Lo más perturbador era su sonrisa. Siempre maquiavélica, siempre a un erizar de piel. Creo que en mi vida lo llegué a ver con otro gesto en el rostro que no fuera sonriendo. Ni siquiera sucumbía a enojarse, o a entristecerse, o a asustarse. Que miedo el de tenerle a un hombre que no salía mas allá de un estado anímico único.

 

Oliver

Entonces un día me comentó que debíamos conocernos tú y yo, Virgilio. Casi como un retorcido plan de que al final estaríamos aquí, en una tarde lluviosa, empapados y sin tabaco, hablando estupideces de un hombre que afirmaba ser un filósofo casi griego, casi platónico. Aplaudiría, pero me niego a seguirle la corriente.

 

Virgilio

Y que día fue ese ¿No es así? Recuerdo muy bien terminarnos tres botellas de coñac y quedarnos sin un centavo para el resto de la semana. En estos tiempos, la buena charla y el aprendizaje dogmatico no sirven para comprar el pan.

 

Oliver

Pero eso no era nada. El pobre hombre obstinado con la dominación mundial. Si le hubieran dejado todos estaríamos jodidos.

 

Virgilio

Jodidos, pero sonrientes. Así como él mismo.

 

Oliver

Entonces vinieron otros tiempos. La llegada de Johan, el cuarto Escorpión, el maestro que fue derrocado no bien saliendo de la Alma Mater. ¿Cuánto duró con nosotros? ¿Unos tres meses?

 

Virgilio

Quizás menos. Nunca se adaptó. No estoy seguro si por superior o por debilucho. De cualquier forma, el Círculo era Círculo y no había mal que por bien no viniera.

 

Oliver

No podría estar más de acuerdo.

 

Oliver y Virgilio se quedan otro rato en silencio. Oliver se da cuenta que a la mitad de la tierra remojada, hay una rosa empobrecida. Se levanta el cuello de la gabardina y se cruza de brazos.

 

Oliver

¿Ha venido María?

 

Virgilio

¿Quien más? Esa mujer siempre fue lo que Cristos necesitaban y al final solamente se conformó con besar un frío pedazo de falo, de gatillo y balas de plata. Freud ya se lo hubiera sentenciado.

 

Oliver

Irónico. Pero no hay que decir que no lo intentó. Tuvieron un largo tiempo juntos. Quizás más del que tu y yo tuvimos con nuestras esposas.

 

Virgilio

Pero también se acabó antes. Cristos se encerró demasiado en sus fetichismos antisociales y de dictadura espiritual que se olvidó del estatuto. Ya lo habíamos dicho, sino somos material de felicidad, al menos podíamos embellecerle un poco el mundo a una mujer.

 

Oliver

¡Y qué mujeres nos tocaron en la vida! Unas sí que hicieron difícil cumplir el juramento.

 

Virgilio

Fríos y lógicos, pero románticos. Vaya combinación.

 

Oliver

Vamos, también muchas otras veces ellas no eran las del problema. Sino el ecosistema en el que crecieron.

 

Virgilio

¿Lo dices por Paulina? Que mujer. Que coraje, que intelecto y que terrenal.

 

Oliver

Ella misma. La única mujer que realmente pude querer sin polvo de por medio. Estúpido medio, pero que fuerza la de ella que aún así, a huracán y maremoto siempre se levantaba al filo del barranco y nada la azotaba. Daba gusto estar enamorado de ella.

 

Virgilio

Mía no estaba tan alejada de ello. Aunque simplemente era más propensa a la impaciencia. Yo era joven y testarudo, cometí muchos errores.

 

Oliver

Algo muy normal, supongo. Con Paulina tambien me sucedió. Y jugamos demasiado tiempo a cortar comunicaciones y retornar aún mas enamorados.

 

Virgilio

Eso fue lo que me faltó. Pero a Lucy nunca le pedí nada. Ella también tenía su carisma y chispa. Los padres, esos, sus padres fueron en este caso el ecosistema que la contaminó. Para cuando por fin pude arrancarla del seno paterno ella estaba casi al punto del marchite.

 

Oliver

Lo hiciste bien. Siguió adelante y se recuperó. Cumpliste bien tu parte del juramento. Y sin estar orillado a ello.

 

Virgilio

Lo mismo digo, compañero, lo mismo digo.

 

Oliver

Aún así, pobre de María. Ella sí que perdió más de lo que Cristos. Se adelantaron demasiado a su tiempo, como cierta música de los sesenta. Ya cuando Cristos, siempre más joven que nosotros, había llegado a nuestra edad, donde despertamos en intereses sexuales, intelectuales y emocionales, ya solo le quedaba desaburrirse y romper esquemas como lo son los romances y salidas al café.

 

Virgilio

Creo que fue en la reunión del difunto Johan la última vez, y de las pocas veces, que nos reunimos a beber algo juntos. Ya trastornado el pobre ni dormía. Muchas veces llegué del hospital a casa suya, muy entradas las tres de la mañana, y todavía me abría la puerta con las ropas de domingo. ¡Ah! Y con esa sonrisa tétrica que lo caracterizaba.

 

Oliver

Imagínate. Esos tiempos. Yo de ida y vuelta hasta el balcón de Paulina, esperando que siguiera en pie. Desgastándome el alma en buscar soluciones o solo buscando resultados de abrazarla a quemarropa mientras bebía y fumaba, y me mataba escribiendo. Tú, tú rompiéndote la cabeza entre la especialización, tu mujer que te tenían prohibida como cuento medieval y el trabajo en la choza de antigüedades. Johan aparte, entrando al mundo empresarial de ganar dinero para ganar dinero y tener más dinero; su mujer tan sensual, tan indiferente, tan infiel y él aburriéndose frente a su piscina viendo a los nietos crecer en el mundo que tanto atacó de joven. (Oliver suspira largo buscando aire en el pesado cementerio) Y Cristos…

 

Virgilio

Cristos insómnico, catastrófico y genio. No olvides que aun a su pesar, fue un genio. Torturado por lo que leía y conocía y se regocijaba.

 

Oliver

Pero vamos, tú y yo también hicimos lo mismo. Practicas de campo, que fue todavía más preciso. Salíamos a ver el zoológico humano y a imaginarnos como era que se tropezaban con la misma piedra dos veces. Apostábamos a lo que eran y muchas veces dábamos al clavo.

 

Virgilio

Ahí está entonces. Teníamos la idea teórica, la práctica y la dogmatica. Por eso el Círculo funcionaba tan bien.

 

Oliver

Ahora es otra cosa. Ahora no puedo negar sentirme un tanto perdido. Me hace falta el racionamiento joven de Johan y las ideas temibles de Cristos.

 

Virgilio

Ya estamos muy viejos y muy jóvenes para eso. Que reconstrucciones ni que nada. Para eso tengo el vino.

 

Oliver

Muy viejos y muy jóvenes. También muy tristes y muy abandonados.

 

Virgilio

Quedamos solo tú y yo. La tontina sigue su curso y no queda más que acostumbrarse al hecho de que el Escorpión esta quemándose en las brazas.

 

Oliver

En fin. Solo espero que el día en que me muera, también reciba la atención de una rosa, como el muy idiota de Cristos. Sería encantador tener bien decorado el panorama.

 

Virgilio

Bueno, me retiro ¿Necesitas que te lleve?

 

Oliver

No, me quedaré un rato más. A disfrutar del buen clima que Cristos nos ha enviado. No aprovecharlo sería descortés.

 

Virgilio

Va. Cuídate Oliver.

 

Oliver

Lo mismo te digo, Virgilio.

 

Virgilio sale poco a poco del escenario, y antes de salir saca una licorera del saco. La abre sin dejar de caminar y le da un sorbo. Cuando ya la está cerrando desaparece de la vista. Oliver se queda de pie, mirando la rosa. Enciende otro cigarro y mira al cielo.

 

 

Acto III

La única luz en el viejo cementerio es el de un par de faros que alumbran los andenes. La noche se ha apoderado del lugar y Oliver se encuentra observando con un gesto de seriedad inquebrantable las tres lapidas seguidas frente a él. Oliver ahora se ve más joven. Tiene el rostro aún sin acabar y se puede divisar fácilmente que aparenta unos veintiún años.

Junto a él se encuentra una maleta desgastada de cuero. Oliver se termina el cigarro a medio consumir y lo tira al suelo, presionándolo contra la tierra con el pie derecho.

Después de unos momentos se agacha hasta la maleta y la abre, utilizando los números de combinación correctos. De ahí saca una copa globo y una botella empolvada de coñac. Se puede apreciar que la botella tiene muchos años de guardada en un rincón. Quizás veinte, quizás treinta, quizás cincuenta años. Se levanta llevando la copa y la botella en una sola mano y comienza el proceso de abrir el viejo vino. Vierte un tanto de él dentro de la copa y deja la botella en el suelo.

Oliver se toma el trago de un solo golpe. Sin pensarlo.

Nuevamente sirve otro tanto del Coñac sobre su copa y se levanta. Esta vez no se la bebe de golpe, sino que da pequeños sorbos mientras sigue viendo a los otros tres cardenales enterrados. Mira sus siluetas formadas por la tierra perfectamente delineada. La única flor está sobre la tierra que baña a Cristos, pero es aquella que María le había dejado un tiempo atrás. A punto de quebrarse por la deshidratación y los años.

Oliver saca de su bolsillo una cajetilla de cigarros y toma uno para él. Lo enciende y sigue mirando por un corto rato más a los tres camaradas.

 

Oliver

Si. Ya lo ven. Tarde pero he venido. Me conocen. Y como había sido establecido me he ganado el derecho a la tontina. Pero, llevo tiempo pensando lo mismo, desde que supe la noticia de que Virgilio se había ido ¿Es realmente ganar el hecho de tener a los otros tres cardenales muertos y en silencio? Beber así no es beber, señores. Beber sin compañía y a la anticuada luz de un cementerio es romperse a pedazos. Casi una mofa. Entonces ¿Es eso? ¿Se están burlando de mí y de mi situación de vivo? ¿Del que se levanta acá arriba todavía cada mañana pensando que no le quedan muchas opciones al morir? Arrepiéntanse de haber tomado cada uno el distinto camino que me ha dejado a mí aquí, en calidad de vago, brindándole a tres pobres pedazos de roca. Mírense bien y díganme si no ha sido una bajeza el haber jugado a la ruleta rusa y haber ganado. ¿Y qué es lo que me queda a mí? Ya tomaron los envenenamientos, los canceres efímeros y hasta las balas de plata en la cabeza. A mí solo me queda el peor de los casos. A mí solo me queda esperar a que la muerte llegue y que me lea mis derechos. Solo, así, con esta última botella de coñac. La que nos tomó más de cincuenta años solo para darnos cuenta de que el Circulo Escorpión ya no es un círculo. Ni un triángulo; mucho menos línea. No. Ya solo queda el punto. Ese punto final que en las letras significa “se acabó”. El que deja una pauta a la incertidumbre. (Oliver da otro sorbo a su copa, lentamente) Lo sé, el círculo me espera en el infierno. Porque el Circulo Escorpión es ese círculo del infierno al que Dante se le pudo haber olvidado por completo. Por incompleto. El Circulo Escorpión es ese salto reservado, muy privado, restringido, casi un coto, de cuatro hombres casi bestias. Animales ponzoñosos. Con venenos mortales, incluso para los mismos. ¿Y para que tendríamos que estar en el Limbo? Nada de neutralidades. O Paraísos o mundos post-apocalípticos. Nada de conformismos. Mejor arder en el infierno; al cielo ni aspiramos. Pero no esperen un saludo de mi parte, ni un abrazo de hermandad cuando yo llegue hasta los campos de sulfuro. Porque beber así no es beber, señores. Beber sin compañía y a la anticuada luz de un cementerio es romperse a pedazos. Es morirse sin morir. Es un día del juicio sin los otros tres jinetes. Es saber que el 1% está dividido a su máximo exponente y hay una bestia allá afuera que no compadece a los minoritarios. (Oliver se toma el resto del trago de la copa y arroja el vidrio al suelo. Toma la botella y bebe directamente de la boquilla. Toma aire) No. Ya no me queda nada. Se ha ido todo lo que una vez me importó. Mi mujer, mis amigos, mi familia y lo que restaba de mi fuerza. Me han dejado sin el aguijón y me quedo aquí retorciéndome en la inmundicia. Y la tontina, que curioso, la tontina ha sido solo un juego. No fui consciente de lo que eso ocasionaría al proponerlo, aquella ultima tarde donde, sentados alrededor de una mesita de madera, escuchábamos el repetir de Mick Jagger y su You can’t always get what you want. La botella a medio terminar y el sabor de ese coñac había sido tan bueno que soñábamos como sería hacer gárgaras con él a cincuenta años a futuro. Me imaginaba otro panorama. Me imaginaba brindar con ustedes gustoso y sin revuelta. Acompañado de Paulina y de mis hijos. Acompañado con los recuerdos que ahora me atormentan. (Oliver se lleva la botella a la boca y se termina lo que queda del vino. Se mantiene en pie aun a penas. El cuerpo ya le traiciona y está constantemente al punto de caerse) ¿Quieren saber a qué sabe este coñac de cincuenta años a futuro? A vino. Nada más que a vino. Con olor a muerto y un circulo hecho punto. Y punto, camaradas, y punto.

 

La botella se le resbala de las manos al joven Oliver y como puede, sale del escenario. El suelo se queda entonces así, con la tierra removida, miles de colillas a medio terminar, una copa quebrada de un lado y la botella vacía del otro, sobre la tumba de Virgilio. Una flor marchita sobre Cristos y un cigarro sin consumir, empapado y viejo, sobre Johan. Una maleta recostada en el suelo y tres cardenales sentados al espectáculo. Riéndose desde quien sabe donde solo por la buena interpretación. Suenan los aplausos de los otros muertos enterrados, de aquellos del 99%, y el telón cae.