El balcón del Ático-cubículo 409

Por fin regresé después de veinte años. Estoy frente a este letrero. Tomo con fuerza la mano de Alfonso y empiezo a recordar…

…firmé el contrato y dije hasta pronto al Sr. Mosconi, quien pasaría un mes con su hijo en Portugal. Inmediatamente subí y elegí mi cuarto, el último del pasillo, junto a la escalera; limpié y abrí las ventanas para ventilar toda la casa. Subí al ático, el que ya había designado como estudio, me imaginé estaría polvoriento y tal vez lleno de trebejos; fue el único cuarto que no vi el día que me mostraron la casa, porque el Sr. Mosconi no llevaba las llaves. Dentro, solo una mesa, una silla y un estante lleno de libros, todo muy limpio y a simple vista nuevo, incluso el piso.

el balcón del ático

La puerta se cerró de súbito, el aire entró con fuerza desde el ventanal abierto, me acerqué a cerrarlo. Afuera había un pequeño balcón cercado con herrería dorada. Salí un momento.

El sábado llegaron Margaret y Lía, las clases empezarían el lunes. Contentas se instalaron en sus habitaciones y esa noche celebramos con pizza y refrescos nuestra nueva vida como estudiantes universitarias.

El primer día de clases transcurrió muy rápido, me despedí de Maggy y Lia y subí al último piso de la biblioteca. En el pasillo un letrero: “Cerrado por remodelación”. Busqué de inmediato el cubículo 409, la puerta estaba abierta; quité las sillas que apiladas al frente impedían el paso y entré lentamente. Las mesas y sillas estaban tapizadas de polvo. Vi pasar a la señora Toscano, la bibliotecaria, aunque no estoy muy segura si era ella, lucía veinte años más grande. Creo que me vio entrar, así que decidí escabullirme del lugar rápidamente. Caminé a casa, más bien corrí, quería salir al balcón del ático una vez más; abrí la ventana y ahí estaba nuevamente en el cubículo 409 de la Biblioteca de la Universidad Viati en Italia, mi universidad ahora. Permanecí inmóvil por unos minutos, el lugar lucía exactamente igual que en la mañana de ese mismo día. Todos los cubículos del piso estaban cerrados; el pasillo lucía solitario y completamente oscuro. Abandoné el lugar a los pocos minutos, esta vez regresé por la misma puerta trasera del cubículo hacía el ático de mi casa.

Al día siguiente decidí preguntar a la señora Toscano cuando abrirían los cubículos al público nuevamente.

─¿A qué cubículos te refieres?

─Por ejemplo al 409, el del final del pasillo del cuarto piso.

─Ese cubículo no existe, solo hay 3 pisos. En cada piso hay 5 cubículos y todos están abiertos al público.

─No, se equivoca, yo he pasado por ahí varias veces y tiene su número afuera, si gusta vamos a verlo.

Subimos hasta el último piso y recorrimos los pasillos hasta llegar al último. Cubículo 301, 303… 309. Es cierto el 409 no existe.

─Te lo dije, ahora ve a casa.

Ya había estado tres veces dentro del cubículo y no podía aceptar que no existiera; pero las clases avanzaban y con ellas la enorme carga de trabajo. Los días para explorar el balcón del ático y un cubículo inexistente no podían continuar, así lo decidí. La sola idea de estar atravesando por una crisis mental me angustiaba, pero en el fondo sabía que todo tenía una explicación y en algún momento lo descubriría.

Yo era la única que subía al ático; Maggy estudiaba en la mesa del comedor y Lía en su recamara. El ático, para mi, era el lugar ideal para estudiar. Pasaron cinco meses, ya me había acostumbrado a la carga de trabajo, a mis compañeros, maestros y también a ir y venir del balcón de mi casa al cubículo 409 de la biblioteca de mi escuela.

─¿Puedo ayudarles en algo? ─interrumpió mis pensamientos una voz femenina que llevaba unos libros, pero no era la señora Toscano.

─!Ah!, ¿disculpe, y la Señora Toscano?

─Murió hace un año. Pero su alma permanece en este sitio; se murmura que camina a lo largo del cuarto piso. Varios estudiantes ya la han visto. Por el momento está cerrado por remodelación.

─Pero ¿cómo?, el cuarto piso no existía cuando yo estudiaba aquí.

─Lo construyeron en 1971.

─Justo tres años después que me gradué…, ya lo entiendo.

Volví a leer: “Cerrado por remodelación”. Miré a mi esposo y nos alejamos sonriendo. Por fin tenía la respuesta a mis preguntas mientras iba y venía del balcón del ático al cubículo 409.

cubículos

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