¡Cuídado con lo que dices!

¡María Cristiana me quiere gobernar , pero yo no quiero que diga la gente que María Cristiana me quiere gobernar!

Que vamos “ pa” la playa, allá voy

Que móntate en el carro, y me monto

Que bájate de carro, y me bajo

Que súbete en el puente, y me subo

Que quítate la ropa, me la quito

Que tírate en el agua, ¿En el agua?

¡No , no, no, no, María Cristina , que no, que no, que no, que no!

“Los Wawancó”

 

Siempre creí que Dios ante tanto insulto de la humanidad se mostraba sordo e indiferente y hasta llegué a creer  que ni existía pues  la gente se la pasa mentándolo, calumniándolo e incluso metiéndolo en chismes que al pobre ni le incumben y  si nos guiamos por lo que dicen los cristianos se supone que él es omnipresente y que debería estar al tanto de cuando se dice de él y de cada frase de nuestras oraciones, pero no era así, él era silencioso y dejaba  que habláramos  pues al parecer usaba unos buenos audífonos con lo que podía bajarle el volumen a toda nuestra verborrea, todo esto hasta un día…

Resulta que yo vengo de una familia muy grande, tan grande que aún no conozco a todos los miembros que la conforman y sigue creciendo en su árbol genealógico como si necesitara reafirmase en la tierra. Para más información les digo que soy de una tierra lejana donde las personas son muy del tú y encaran con toda confianza incluso a Dios mismo  por lo que se creen con el derecho de hacer lo que les dé la gana. Yo nunca he visto eso bien, pues si consideramos que estamos hechos a imagen y semejanza de él, entonces Dios también es una persona y debemos respetarla como se debe y tener en cuenta sus derechos humanos, lo que en pocas ocasiones hacemos, allá de por dónde soy.

A pesar de que mi familia es numerosa y está compuesta de muchos primos, tíos, etc, me pude dar el lujo de elegir a mis predilectos miembros de club para mi vida y formación, los que fueron obviamente mis padres, mi abuela, una pareja de tíos, una tía abuela, un primo y un tío muy carismático que se dedicaba desde boxear hasta vender rejas y artículos de carpintería. Precisamente alrededor de este tío y mi abuela se entreteje esta historia a la que todavía después de mucho tiempo haber ocurrido no puedo darle el crédito absoluto.

Yo era muy pequeña, como de unos 9 o 10 años cuando aconteció que comencé a frecuentar la iglesia  cristiana con mi abuela que se mostraba por aquel entonces como una verdadera profeta de Jesús. Yo como toda buena niña nunca me cuestionaba nada sino que me dedicaba a creer ciegamente en el poder de Dios y su omnipresencia. Realmente disfrutaba con el amor que profesaban mis hermanos cristianos y alababa con fervor a mi abuela cada vez que subía al pulpito  a dar testimonio lo que por lo general ocurría ya que mi abuela tenía la suerte de presenciar ciertos milagros cotidianos que eran invisibles para otros.

Estuve algún tiempo  asistiendo y compartiendo el entusiasmo evangélico hasta el punto de sentir a Dios como un hermano más  de nuestro templo , al que le  debía infinito respeto pues era él principal hombre del mundo.   Todo iba de maravilla por aquel entonces, la paz de nuestra comunidad cristiana se mantenía a pesar de los pormenores y los lazos de hermandad daban pie a muchas confianzas, casi siempre teníamos a un hermano comiendo en casa y predicando la palabra del Señor que yo escuchaba con los ojos muy abiertos como si se me fueran a salir de puro amor por aquel súper hombre lleno de proezas y todo hubiera continuado de las mil maravillas a no ser por la entrada retumbante de la hermanita Esperanza  en nuestra iglesia.

Aquella mujer, bueno, que digo, más bien ese personajito salido de quién sabe que círculo del infierno  llegó con toda la energía de una hermana de nuestros tiempos, al mes de su llegada al templo ya era amiga de todos y hasta de mi abuela, por ende mía también, que aún no tenía la capacidad de elegir a mis amistades.

Esperanza  era una mujer ya entrada en años pero que se conservaba muy bien a pesar de siempre estar alardeando de sus problemas de salud y de su “cojera” de la pierna derecha  lo que provocaba en todos  una profunda compasión y cariño, además que su cara redonda y su cuerpo regordete   despertaban  confianza en las reuniones de la fraternidad. Mi abuela comenzó a idolatrarla provocando que la señora se volviera aún más  devota de la biblia, recitándola por completo  y también presenciando milagros de tipo cotidiano. En un año la estimada hermanita ya tenía a hermandad completamente postrada a sus pies y el pastor de la iglesia seguía al pie de la letra todas sus indicaciones, por suerte nunca le pidió que se matara porque seguramente lo hubiera hecho dejándonos como ovejas descarriadas.

Yo sentía que aquella mujer era como el lobo disfrazado de ovejita y que era una infiltrada en el rebaño  y para colmo por la temporada de su llegada me llegaban muchas señales de vaticinio con los cuentos infantiles que leía sobre el lobo y los tres cerditos. No entendía muy bien cuál era el mensaje y que tenía que ver mi premonición con los tres cerditos, tampoco podía hablar mal de ella delante de mi abuela, ni mucho menos siendo una mocosa, pero con el tiempo las cosas se fueron aclarando.

Después de algunos años en los que ya la amistad de mi abuela con aquella tal Esperanza estaba tan fraternizaba que prácticamente varias veces mi abuela había hecho cosas raras guiándose por  seguirle la corriente, como desnudarse en plenas reuniones proclamando que la desnudez era el estado original del ser humano  o intentar lanzarse del balcón para ver si un ángel venía a rescatarla y así reafirmar su fe, ocurrió lo más extraño. Un día mi abuela llegó a casa muy contenta porque  la iglesia le había pagado un viaje al mismísimo vaticano para que fuera a demostrarle al Papa con el poder de su palabra el sometimiento del cristianismo evangélico sobre la religión católica. Yo entendí lo del viaje al principio pues estaba tan adoctrinada con el evangelio y el Dios de mi templo que consideré el plan de mi abuela como un acto de heroísmo, pero cuando supe que los consejos de Esperanza   estaban atrás de todo el asunto  ya no me pareció tan buena la idea y más que yo había estado presente en los intentos fallidos de mi abuela por seguir sus indicaciones cuando en una reunión dominical se había desnudado en pleno  pulpito y toda la comunidad de hermanos había quedado con las mandíbulas casi dislocadas por el asombro.

 

Aun así no pude convencerla de quedarse en nuestro templo para darle calor  y mi abuela partió hacia Roma con todas las esperanzas de parar un río de sangre y unificar a la iglesia católica y a la evangélica en una misma religión de iguales   sin que las guerras o las diferencias permitieran más arbitrariedades entre jóvenes del mismo planeta. Para entonces ya la Esperancita se había metido en la casa de mi abuela según que con la humilde intención de cuidarla de las garras de mi tío, el que ya les había comentado antes. Mi tío  pensaba en caso de que mi abuela no regresara quedarse con la herencia que le correspondía,  pues mi misma abuela le había dicho que si su intento resultaba fallido y la encarcelaban en Europa por crear disturbios él se quedaría con la casa y que por favor la cuidara por el bien de la familia.

Mi abuela, como era de esperarse se demoró bastante por lejanas tierras y no porque la encarcelaran sino porque al parecer encontró por esos rumbos al amor verdadero con un joven muy católico y jefe de una comunidad de hermanos que buscaban fondos para construir su templo y  para cuando  mi abuela ya estaba casi posicionada de la jefatura de esa comunidad junto con su príncipe profeta,  Esperanza  ya se había adueñado de su pequeña casa de mampostería, lo que significaba un palacio para ella que   vivía antes en una casa en muy mal estado con pequeños cuartos de madera. Ahí fue cuando tuve la primera revelación del mal como había visto en mis premoniciones del cuento del lobo y los tres cerditos, pues mi familia investigando descubrió que el primer domicilio de la tal hermanita había sido una casa de paja en el campo que abandonó cuando se mudó a su antiguo domicilio tras la muerte  de su dueña también cristina, que la había  dejado  como la heredera oficial de sus cuatro paredes, porque Esperanza la cuidaba mucho y era una gran amiga  para ella.

Mi tío y toda mi familia tras descubrir la verdad de la hermana de la iglesia, decidieron enfrentarla e intentar sacarla a la fuerza de la propiedad arrebatada y yo como tenía entre 12 o 13 años sólo podía dedicarme a observar y orar por que nuestro bando ganara la partida. Llegamos a la casa de mi abuela una noche como a las 9 pm, mi madre, mi  padre, un primo, mi tío y yo, todos con la intención de encarar a la astuta hermanita de la iglesia. Esperanza nos abrió en pijama, una túnica blanca como de cristiana pura y atrás de ella estaba su hijo cenando, también en pijama,  al vernos al sujeto casi se le atraganta un pedazo de pan en su  ancha garganta.

La  casa de mi abuela estaba muy limpia y ordenada, como nunca había estado antes, la televisión estaba encendida transmitiendo el noticiero de las 8 y la mesa se encontraba suculentamente servida como  para una pareja de gordos hambrientos. Primeramente Esperanza nos recibió con mucha amabilidad como si no le asombrase nuestra inapropiada visita y comenzó a preguntar por mi abuela pidiendo que le informáramos que había sido de ella. Varias veces mencionó que la extrañaba  y que mi abuela era como una madre para ella a la que jamás olvidaría. Después habló de lo mal que estaba de la vista y de la pierna  y por último antes de que nos diera la palabra dijo que no creía posible que mi abuela encontrara el amor con un hombre tan joven y que ya no fuera a regresar cuando ella le había indicado varias veces que no perdiera de vista sus verdaderos objetivos.

Después de todo ese preludio que a mi parecer era muy desagradable porque nos desviaba de la verdadera sustancia del tema a tratar salió a flote el asunto de la casa, y por qué ella la habitaba con tanta deliberación. En ese momento fue cuando se puso ante un espejo el plan que habían urdido mi abuela y su hermanita. La casa nunca sería de mi tío, pues la voluntad de mi abuela había sido que  Esperanza la cuidara hasta que ella regresara y a ella le había entregado la propiedad que misteriosamente por voluntad de Dios se había perdido por lo que la casa estaba solamente en manos de quien la habitara y mi abuela estaba muy lejos como para  reclamar su dominio.

Ya se imaginaran la cara de todos los presentes al escuchar tal historia llena de horrores  ¡ y si hubiera quedado todo así! Que tranquilidad tendría hoy respecto a mis memorias. Mas no fue así, a la hermana se le ocurrió decir que todo era culpa de mi tío por ser un loco que le daba dolores de cabeza a  mi abuela y que no era la voluntad de ella que él se quedara con la casa de manposteria, porque además era una recomendación que ella seguía al pie de la letra. Esperanza resultaba respetar la voluntad de mi abuela por encima de todo, pues era una mujer de palabras y ética.

Mi madre, siendo una mujer justa al ver la postura casi petrificada de mi tío, saltó como un cohete de la silla y encaró la bondadosa cara de la cristiana y los gritos ante mis ojos de niña asustada comenzaron sin que yo pudiera hacer otra cosa que sentarme en rincón a ver como se desenlazaba la tétrica historia.

__¿Esperanza si tú eres tan cristiana cómo es posible que hayas respetado la voluntad   atroz de mi madre  que es una pecadora que no sabe lo que hace? Dijo mi madre en un arranque.__ No estas obrando como Dios manda consintiendo malas decisiones.

__Ay Dios mío, yo sólo respeto la voluntad de tu madre que es como una para mí y no puedo ir en contra de mi palabra ni de la voluntad de Dios a través de las decisiones de ella. Respondió la mujer que ya se ponía roja como un tomate al igual que su hijo que parecía una langosta rostizada bajo el calor de una isla, pero que no se atrevía ni a decir ni esta bocota gigante es mía.

__Pero no es posible que consideres que esa fue voluntad de Dios siendo algo tan vil. Mi hermano tiene derechos sobre esta casa porque es su hijo y la casa la compró mi padre para nosotros, el sea lo que sea tiene derechos y si quiere cagarse por todo el piso lo puede hacer. Así reaccionó mi madre ante la insolencia de la tal Esperanza y entonces saltó mi primo a ring ante los gritos de la hermana que mentaban a Dios constantemente.

__A mí no me hable de Dios, me oyó; dijo mi primo encolerizado

 

__Ay Dios, Dios sabe el trabajo que yo he pasado y lo buena  que fui yo con mi hermana Kosntantina(mi abuela) para que me paguen ustedes así, yo que le dí de comer y que la vestía cuando quería salir desnuda y ninguno de ustedes se preocupó por atenderla. Con razón se quiso quedar por allá siguiendo el sino de Dios.

Ya era la tercera vez que mencionaba  Dios y hasta hubo un momento en que pensamos que se desmayaría como en trance de tanto mencionarlo o que le estaba dando un infarto. Mi madre en un ataque de ira se abalanzó contra ella y comenzaron las dos a correr una detrás de la otra por el pequeño departamento. Mi madre corría como el coyote y la otra a pensar de siempre estar cejeando esta vez arrancó en una carrera al estilo del correcaminos. Todos corrían detrás de mi mamá para sujetarla y el tal hijo de Esperanza corría también y ni siquiera se sabía si corría del lado de su madre o si la perseguía. Esperanza no paraba de gritar__ Dios, como es posible,  que a mí, que he sido tan buena    me hagan esto, no puedo salirme porque es la voluntad de Konstantina y del padre que la hizo tomar la decisión de dejarme la casa a mí, porque ese loco, si, tú, la vas a malbaratar.

Corrieron un largo rato o realmente no lo recuerdo  bien porque me puse a orar con todas mis fuerzas de niña  y no comprendía como una vez más Dios no hacía acto de presencia al ver que todos lo mentaban sin él  ser partícipe del juicio. Esperanza siguió gritando  y mi madre correteándola en un juego que ya no se sabía quién seguía a quien y quienes eran de nuestro bando o del otro. Esperanza todavía alcanzó a gritar algo que escuché muy bien y no olvidaré.

__Dios me mandó a uno de sus ángeles indicándome que tenía que ayudar a mi hermana Konstantina, tan oprimida por este hijo y tú,  sí, tú, con esa carita de buena alma  cuando realmente adoras a Satánas con tu ateísmo.

Lo que ocurrió después es un recuerdo que tengo un poco borroso pero no lo suficiente como para no haberme marcado. Un estruendo impresionante se escuchó por toda la casa como si nos cayera encima una bomba nuclear. Toda mi familia se tiró al piso enloquecida tapándose los oídos y en el centro de la pequeña sala quedó Esperanza inmóvil, después de unos segundos  de permanecer como petrificada comenzó  a contorsionarse y una fuerza tremenda la empujó contra las paredes golpeándola con tal ímpetu que no sé cómo no murió. El extraño fenómeno la zarandeó y la aventó por todos los lugares que pudo y por último la colocó de nuevo en el centro de la sala para pronunciar unas palabras con voz potente.

__Nada tengo yo que ver con tus planes hija mía y deja de involucrarme   en todo lo que haces y dices. Ya me hartaste y me voy por eso. Adiós… Ah y deja de usar mi libro para leer en el baño, deja de subrayarlo y de aprenderte mis palabras, no me gusta que mis bellos versos salgan de tu boca con dientes postizos.

Finalizando de decir esto la potente fuerza lanzó un rayo  que cayó en medio de la cabeza de Esperanza dejándola  tirada en el piso que se abrió justo en el medio de la casa desatando un incendio terrible.  Gracias a Dios pudimos salir todos de la casa a tiempo sin ni siquiera rasguñarnos e incluso pudimos sacar el cuerpo inerte de Esperanza que a pesar de la voluntad divina había sobrevivido al ataque.  La casa si quedó completamente fosilizada bajo los escombros y la hermanita  junto con su hijo tuvieron que regresar a su antigua casa.

Mi tío se quedó sin su herencia pero al menos rescató su dignidad al ver que su casa nadie la habitaba y mi familia desde entonces ha vivido tranquila, incluyendo mi abuela que sigue de gira con los profetas romanos. La hermana Esperanza regresó a sus reuniones en el templo y por mucho tiempo tuvo literalmente los pelos de puntas sin que ni plancha ni peine caliente pudieran con someterlo. Ese acontecimiento le dio mucha popularidad porque  comenzó a testimoniar que había tenido un contacto directo con Dios  y que este le había hecho ver lo oscuro de su naturaleza humana pero que Dios era puro amor y misericordia  ya que no la había matado sino que le había dado una segunda oportunidad de enmendarse, lo que el hombre es incapaz de hacer guiado por su herencia de Adán . Con ese discurso nuestra hermanita ha viajado por muchos países y  con su cabellera electrizante pregona que tiene energía divina  que la ayuda a percibir milagros y escuchar mensajes divinos, lo que yo sé que es mentira, estoy segura que se ha dejado el cabello así sólo para provocar la curiosidad y como ardid de sus horrendos planes. ¿Cómo Dios pudo dejarla viva es algo que me pregunto siempre aunque aquella vez haya dado muestras de su poder tan directamente. ¿De dónde salió el rayo si la casa de mi abuela no tenía chimenea como la del cerdito del cuento? Supongo que mi mente de niña buscó darle una explicación a lo acontecido aquella noche y que  para Dios no hay nada imposible. Parece  que sí nos escucha de vez en cuando  al subirle el volumen a sus audífonos y oír claramente todas las palabrotas que decimos, por eso desde ese día me cuido mucho de lo que digo y de mencionarlo por si se despierta de su sopor.