Con la boca llena de plumas (Respuesta al capítulo 7)

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A Patricia…

…y por si Cortázar no estuviera muerto, solo de parranda.

…Y siguen trinando las aves. Siguen trinando pero tu no las ves, solo puedes escucharlas. Estamos muy cerca, muy juntos, con los dedos en el rostro al otro lado del espejo y solo puedes oirlas cantar cuando las dos jaulas se abren y acercamos los labios. Ellos trinan, ellos revientan las plumas en seco. Y las dos jaulas juegan a pasear los bordes por los bordes. Los pajaros cantan alrededor de tu boca, de mi boca, sin decidir donde van a colocar los nidos. La danza continua. El calor del beso es el clima perfecto.

Y siguen cantando. Callan cuando se respira. Cuando se ha terminado el aliento y hay que mirar en las rendijas. Esas dos ventanas, esas dos cuencas superiores donde las aves vuelan con cautela. Entonces sudas. Por un instante se comparte el agua salada y los mares envidian ver tanta salina jugar con las aguas dulces.
En un beso hay mar y río. En un beso hay aves.
No son gaviotas, quizás ruiseñores perdidos. Quizás son relampagos romper el cielo entre los labios. Millares de aves huyendo apresurados, buscando las bocas que son jaulas, que son cuevas. Setas donde protegerse. Y me miras, me miras mordiendote los labios. Cerrando delicadamente la puerta pero esperando de nuevo abrirse. Que los dientes son llaves, que la lengua es una sola lengua y las caricias en la piel hacen retoñar las hojas de los cuerpos.
Y los mares se desbordan. Hay temblores en la piel, se inunda el cuello, la jaula se acerca al tronco bajo el menton y deja que las aves le canten recorriendose hasta ver separadas las colinas. Las lejanas, las que no tienen ríos o mares, las que desean que la boca pase por ellas porque quieren escuchar al millar de aves trinar sobre sus puntas. Buscan la lengua, buscan los mares.
Las otras aves, las que reposan en otras bocas, mueren celosas. Se retuercen porque trinan de inmediato. Así se gastan pronto. No pueden descansar. No dejan que los labios jueguen un rato antes de romper las puertas. No dejan que se formen neblinas dentro de la boca, ni que se agiten los mares un tanto. Por gusto, por placer, por amor.
Pobres, y con lo triste y cansado que es emigrar a otras tierras.