Estivo

Humedece con tu suave beso mi boca, 
presente osado, lleno de estío. 
Riega oro sobre las faces 
bajo las plantas de tus piessangrientas. 
Vaya a saber qué magia harán tus besos, 
tiempo caprichoso, de mil lirios, 
cuando la pluma de tus dedos se abalance 
lista para escribir tardes nuevas. 
Broten, llueven y mojen, 
las gotas impávidas, 
ávidas de buen riesgo y tristeza 
unas contra otras retumbarán, 
tras las paredes, entre ventanas rotas 
incoloras, perennes o deshechas. 
Dirijo mi voz a ti, amo de conciencias,  
del infinito retorno, 
estío seductor de cicatrices. 
He venido a escribir al mar claro, 
decir que, con todo el llanto, 
yaceré como clara agua regada 
bajo tus pies inmensos 
bajo las huellas de tu canto.  
Caeré recién nacida sin rostro 
como tromba de mariposas, 
como los hijos de los espejos rotos. 
A ti te escribo, espíritu de tenues rosas 
habré de encarnar todas las gracias, 
al ritmo de tiempos duraderos, 
espontáneos y autumnales  
y serán los mejores tiempos, espíritu 
y encarnaré al alma, al tiempo y su sangre.