5 de enero

“Veamos que me contestaron en las respuestas de Yahoo, mmm, mejor respuesta: hasta los 10 años. Ya tengo ocho y solo me faltan dos, voy a preguntar: Yo le prometí hace dos años a mi amigo el rey Baltazar que iba a escribirle todos los 5 de enero contándole cómo me había ido en ese año hasta que me muriera, pasara lo que pasara él iba a recibir noticias mías, pero, ahora me entero que solo hasta los 10 años puedo escribirle, ¿qué puedo hacer para que continúe recibiendo mis cartas?” –Juancho aprieta la tecla de publicar y espera pacientemente la contestación. Al poco rato aparece: mejor respuesta: mira amigo, puedes dársela a un niño que todavía no cumpla los 10 años y junto con la suya le llegará al rey Baltazar, ja, ja, ja, suerte.  “¡Me están llegando muchas respuestas!, pero, unas ni les entiendo lo que dicen, mejor le hago caso a la primera, total tiene 5 estrellas y muchos numeritos de visitas.

 

En el Ministerio Público se encuentra Juancho y otras personas que lo acusan.

−Mire licenciado, este joven entró a la casa y lo cachamos con las manos en la carta de mi hijo, se la estaba robando.

−No licenciado, solo le estaba anexando la mía, ni siquiera leí lo que pidió el niño.

−¡Ay Juancho!, es como la décima vez que vienen a levantar un acta en tu contra en estas fechas; que le robaste un globo a un niño, que te robaste el buzón que hay en Correos para las cartas a los reyes magos, que jaqueaste correos de los niños, y demás; eres un buen muchacho, sacas buenas calificaciones, eso dice mi hija, pero te lo advierto, a la próxima te dejo en la cárcel un año, ¡entendiste!

−Sí licenciado, −dice entre dientes−  solo me queda casarme y tener hijos lo más pronto posible.

−¿Qué dijiste!

−Nada, que le pido la mano de su hija.

 

Juancho entra a la recamara en donde están sus nietos

−Ya es 5 de enero, quién de los dos ya hizo su carta a los reyes magos

−Abuelo, esas ridiculeces ya no se usan, solo en tus tiempos.

−Yo ya no tengo nada que pedirles, los juegos los descargo en aplicaciones, y ya atengo el último –lo dice Juan sin dejar de ver su móvil.

−Yo a tu edad Yeni le hice una promesa al rey Baltazar y no he dejado de cumplirla, pero cada vez me es más difícil hacerla.

−Porque ya estas viejito.

−No, sino porque a los niños ya no les ilusiona esperar el 6 de enero para recibir algún juguete; ahora en cuanto desean algo, en ese momento lo obtienen.  Ya no hay juguetes, ni juegos, solo aplicaciones; nunca esperé llegar a ver esto. Estoy tan abatido, voy a salir a ver que encuentro… a ver si puedo enviar mi carta.

−¿Qué es abatido? –lo dice Yeni sin dejar de jugar con su muñeca virtual.

 

En la recepción de un hospital se presenta un señor de color, alto, bien vestido y de modales muy refinados.

−Perdone, el señor Juancho.

−¿Habla del señor que acaban de traer?, el atropellado, está en la sala de operaciones, no le puedo dar más información, ¿es usted su familiar, amigo o conocido?

−Su amigo, en la bolsa de su saco hay una carta para mí, me la podría dar, por favor  –la recepcionista sin preguntar nada más, como hipnotizada va a las cosas de él y le lleva la carta, asombrada por lo que dice el sobre, “para el rey Baltazar de Juancho”  él le sonríe a ella, le da las gracias y se va leyéndola. A la recepcionista solo la saca de su asombro una enfermera que pasa corriendo y le dice: quién era ese extranjero tan guapo, luego me cuentas, voy a la sala de operaciones, el atropellado acaba de morir.

fin